II. Cerdeña

1. Los Gramsci.

La familia es de origen albanés, del principado de Gramsh, transplantada luego a Calabria y Campania. Gennaro Gramsci, el abuelo de Antonio es oficial de la gendarmería borbónica establecida en Gaeta. Después de la unificación de Italia será incorporado a los carabineros con el grado de coronel. Había desposado a Teresa González, hija de un abogado napolitano de ascendencia española. De su unión nace en 1860 el quinto hijo, Francesco, el cual, después de terminar el liceo, se inscribirá en la Facultad de Jurisprudencia. En 1881, sin haberse todavía titulado, gana un concurso en la administración pública y deja Gaeta. Es destinado a Cerdeña, a Ghilarza, hoy provincia de Oristano, para dirigir el local del Registro Civil.

Dos años después, Francisco Gramsci desposa con Peppina Marcias, hija de un pequeño propietario sardo, cobrador de impuestos. “ Alta, agraciada, con grandes ojos oscuros, vestida como una continental, Peppina era socialmente y sobre todo culturalmente más avanzada que las otras muchachas del lugar ”.[189] En 1884 nace Gennaro. En Ales, donde la familia se ha trasladado, otros tres hijos: dos mujeres, Grazietta, en 1887 y Emma, en 1889, el 22 de enero de 1891, Antonio, Nino para los padres. En Sorgono, cerca de Nuoro, nueva destinación de los Gramsci, nacen: Mario, en 1893, Teresina, en 1895 y Carlo, en 1897. Nino frecuenta el Jardín Infantil de las monjas.

En 1898, una inspección esclarece un pequeño error contable en las cajas del Registro Civil. Francesco Gramsci es despedido del empleo y sin recursos vuelve a Ghilarza con la mujer y los niños. En agosto es arrestado bajo la acusación de malversación de fondos públicos. Condenado a cinco años y ocho meses permanecerá en la cárcel, en Gaeta, hasta fines de 1904. Con dedicación y coraje, Peppina resiste a la desventura. Cose a máquina, plancha, tiene en pensión al veterinario y al teniente de carabineros del lugar. Años durísimos, de verdadera “ tormenta”doméstica, recordará más tarde Gramsci.

¿Seríamos capaces de hacer lo que ha hecho mamá hace treinta y cinco años ? De enfrentarse, ella sola, pobre mujer, contra una terrible tormenta y de salvar siete hijos? Cierto, su vida ha sido ejemplar para nosotros y esto nos ha mostrado cuanto vale la paciencia para sortear dificultades que parecen insuperables incluso para hombres de gran temple ” (LC.  p. 631).

 2. Primeros estudios y una enfermedad solapada

Tiene casi ocho años cuando es inscrito en la primera clase de la escuela elemental de Ghilarza. Crece mal. Una joroba diagnosticada demasiado tarde como tuberculosis vertebral le aflige desde la primera infancia. Estaba todavía en Sorgono cuando había tenido una crisis bastante seria, con convulsiones, hemorragias, síntomas análogos a aquellos de los graves estados de agotamiento sicofísico que lo atormentarían otras veces en el futuro. Y siempre tratado con terapias aproximativas. De pequeño, nada más que compresas de alcohol y tensiones en la columna vertebral mediante un busto suspendido al techo. Le suministraba opio un médico torinense (L,  p. 80). Años después, en Moscú, curas a base de quinina, que “ arrastran los consiguientes inconvenientes ” (L,  p. 172). Sólo cuando los sufrimientos acumulados en la cárcel van a demoler irremediablemente una salud precaria, y ya entrado en la cuarentena, se le abre una luz de explicación sobre las causas reales y los orígenes lejanos de su propia condición.

“Yo había sufrido desde niño el mal de Pott y no logro comprender de donde halla salido éste, del cual he escuchado hablar por la primera vez. Me consta positivamente que mis enfermedades infantiles se debieron a una caída que la empleada doméstica ocultó a mis padres (...) En 1911, en Oristano en casa de mi tío conocí al doctor Cominacini que me había curado entonces (de niño) y había tratado de impedir las consecuencias de la catástrofe. Me disgusta tocar este tema, pero tanto mi tío como Comancini me dijeron con bastante franqueza (o brutalidad) que la causa de mis desgracias había sido la falta de interés y la apatía de mi padre y que, curado a tiempo, hubiera podido ser salvado ” (LC, pp. 706-707).

 A pesar del comienzo atrasado en la escuela es alumno diligente, a menudo el primero de la clase. Aprueba la escuela elemental con un promedio de diez. No solamente. Trabaja en el Catastro con Gennaro, el hermano mayor, para aligerar las restricciones familiares.

 “ He comenzado a trabajar a la edad de 11 años, ganando 9 liras al mes (lo que, por otra parte, significaba un kilo de pan por día) por 10 horas de trabajo al día, comprendida la mañana del domingo y me lo pasaba moviendo registros que pesaban más que yo y muchas noches lloraba a escondidas porque me dolía todo el cuerpo ” (LC,  p 622).

 Sin embargo, el agravio más grande es el de tener que interrumpir los estudios, justamente “ yo, que había tenido 10 en todas las materias de la escuela primaria, mientras asistían el hijo del carnicero, del farmacéutico, del negociante en telas ” (L,  p. 271). En dos años de ausencia a la escuela estudia un poco, de manera privada. Así que, cuando en 1905 el padre está ya en libertad, entra directamente a la tercera clase de la escuela media elemental del instituto Carta-Meloni de Santulussurgiu, un “ gimnasio comunal, en verdad en muy mal estado ” a una veintena de kilómetros de Ghilarza. Tres años después, con alguna dificultad (pasa tres materias en septiembre) egresa, en Oristano.

  

3. Liceano en Cagliari .

En 1908, Gennaro Gramsci vive en la cabecera de la provincia sarda, es contador en una fábrica de hielo y cajero de la Cámara del Trabajo. En el otoño Nino se reune con él y se inscribe en el liceo Giovanni Maria Dettori, de Cagliari, y va a habitar “ en una pieza pagada al día ”. Alquilará luego con el hermano una pieza en la calle Principe Amedeo.

El 5 de noviembre expide a Ghilarza la que será su primera carta conocida: “ Querido papá, ayer he comenzado a ir a la escuela; los profesores todavía no están todos, pero, sin embargo, han comenzado las lecciones y han dictado parte de los libros que hay que procurarse ” (L,  p. 3).

Escribe a “ los de la casa ” con aire desenvuelto, ligeramente excitado con la nueva vida. Pide algunas liras para pagar la matrícula; castañas, hongos y huevos en cantidad; los clásicos de Virgilio y Homero. Parece contento, dispuesto a experimentar su independencia reciente y la animación de la ciudad. Sobre todo logra sentirse un estudiante de verdad, después de años escolares precarios y aventurosos.

De partida era previsible, pues (y previsto), algún problema en el conocido Dettori. Las notas trimestrales no son sin embargo decepcionantes: suficiente en latín, griego, filosofía, 8 en química y en el oral de italiano. Escribe al padre: “ Como ves he tenido notas discretas y debes tener en cuenta que es el primer trimestre y de Santulussurgiu no he venido con la mejor preparación ”. Tiene un solo pesar, podía quizás andar mejor si no fuera que:

“Estuve tres días fuera de la escuela por no haber llevado el diploma justamente en los días de los exámenes trimestrales; de modo que en historia natural no he tenido nota y, en historia, 5; el profesor me ha hecho una reprimenda pero yo no tenía culpa alguna porque te he escrito siempre: mándame el diploma y tú te haces el sordo “ (L,  p 14).

 Es enero de 1909 y es por ahora sólo un adelanto de las próximas incomprensiones que terminarán, como lo testimonia en crónica directa el epistolario juvenil, por precipitar las relaciones con el padre al borde de la ruptura. Por añadidura, puede decirse, están los viejos rencores no adormecidos: la burla de sus coetáneos en Ghilarza, mientras Francesco Gramsci estaba en prisión, la sospecha de una cierta negligencia frente al mal que le afligía.

Entretanto los estudios prosiguen, incluso entre algunas incertidumbres. Escribe en febrero:

 “ Al primer examen no puedo absolutamente asistir, porque el programa, en 6 meses lo hemos concluído sin hacer nada de bueno. Es una cuestión de suerte: puedo aprobar todo o puedo reprobar todo de la misma manera: ninguna seguridad, entonces; no quiero que tú me hagas después reproches inútiles ” (L,  p.18).

 Después de algunos días vuelve a asomar la confianza.

 “ En la escuela voy discretamente y este trimestre espero andar mejor: incluso esta mañana he sido interrogado en latín y griego y he tenido 8 y 7, notas que, dada la severidad del profesor quieren decir algo ” (L,  p. 20).

 En junio es promovido al grado superior. El año siguiente incluso la desventaja en la preparación de base aparece superada. En 1911, se gradúa con 8 en todas las materias y 9 en composición de italiano.

 

4. Hacia el socialismo.

Nino hace en Cagliari una vida apartada y de estudio. Escasísimo y raro el dinero de casa. La descripción de sus días magros no dejan espacio a expansiones de la vida de estudiante. Contará al hermano menor, Carlo:

 “ Recibí la primera mesada, después no recibí ninguna otra: estaba totalmente a cargo de Nannaro, que no ganaba más de 100 liras al mes. Cambiamos de pensión. Yo tenía una pequeña pieza que había perdido toda la cal por la humedad y tenía una sola ventanita que daba a una especie de pozo, más bien una letrina que un patio. Me di cuenta en seguida que no se podía avanzar por el malhumor de Nannaro que las tomaba siempre conmigo. Empecé no tomando más el poco café matinal, luego atrasaba el almuerzo siempre hasta más tarde y de esta manera, economizaba la cena. Cerca de 8 meses comí así una vez al día y llegué al final del tercer año del liceo, en graves condiciones de desnutrición ” (LC,  p. 116).

  En las cartas de aquellos años a su padre hay un único episodio fuera de la acostumbrada rutina escolar. Era el 15 de abril, se trata de esto:

 “ El 26 de febrero los estudiantes del segundo y tercer año del liceo harán una excursión a Gúspini para visitar las minas de Montevecchio porque estudiamos mineralogía y, en consecuencia, debo ir yo también y estoy verdaderamente indecente, con este vestón que tiene ya dos años y está deshilachado y brillante, por lo tanto, mándame una carta de crédito para alguna sastrería para que me pueda hacer la ropa a tu cargo y después te ocupas tú de rembolsar el dinero a la agencia. Porque yo para ellos no valgo nada. Te ruego de no dejar de hacerlo, porque este mes estoy realmente desesperado. Hoy no he ido a la escuela porque he tenido que cambiarle le suela a los zapatos y me a costado tres liras, he tenido que comprarme el Foscolo que me costó dos liras. No sé qué diablos hacer: este carnaval no he salido un momento de casa, en cuclillas en un rincón, amurrado, tanto que Nannaro creía que estaba enfermo “ (L,  p. 32).

 Pasa una semana, de dinero, nada. Nino va de todas maneras a Gúspini “ con la ropa que brilla por todas partes ”. Desilusionado y ofendido, reclama al padre: en Ghilarza “ estaba indecente (...) ahora que ha pasado otro mes y medio y han crecido las roturas, no solamente indecente sino sucio y harapiento ”. Y acusa:  “ De todas maneras ahora no estoy más en Ghilarza y, por lo tanto, todos ustedes no van a poder avergonzarse más ” (L,  p. 36).  En el fondo, un banal conflicto de adolescencia acentuado por la miseria común en la época. Sin embargo, en la evocación de un compañero de clase, la ocasión de aquella excursión a la región minera revela algo diferente: las huellas de una naciente atención a la cuestión social. En Arbus, Gramsci es sorprendido en intensas conversaciones con los obreros de la mina :

 “ Se informaba a propósito de sus condiciones de trabajo, planteaba mil preguntas sobre cómo eran tratados, sobre cómo vivían. En aquel momento comprendí que su interés por la excursión era profundamente diferente al nuestro. Nosotros habíamos apreciado ante todo los copiosos almuerzos a base de pan y salchicha sarda y de sesos fritos ”.[190]

 Acercándose al socialismo durante la conscripción en Torino, Gennaro Gramsci se había transformado en secretario de la sección socialista de Cagliari y por su intermedio, Nino había comenzado a frecuentar el movimiento juvenil, participando en reuniones y discusiones sobre los problemas económicos y políticos de Cerdeña. Entre otros leía Il Viandante, revista del socialista revolucionario Tomaso Monicelli,[191] el Avanti!, los artículos de Croce y Salvemini,[192] La Voce, de Giuseppe Prezzolini,[193] y algunos escritos de Marx. Las partes conclusivas de una composición escolar sobre el tema Oprimidos y opresores, desarrollado en tercer año del liceo, muestra como Gramsci tenía claros en ese momento los principios del célebre Manifiesto del Partido Comunista.

 “ La Revolución Francesa ha abolido múltiples privilegios, ha liberado muchos oprimidos, pero no ha hecho más que sustituir una clase por otra en la dominación. Sin embargo, ha dejado una gran enseñanza: que los privilegios y las diferencias sociales, siendo producto de la sociedad y no de la naturaleza, pueden ser superados ”.[194]

 Ya desde Cerdeña, entonces, indicios de inclinaciones políticas y culturales, pero también de  futuros intereses de trabajo. Antes aún de dejar la isla, el joven Gramsci había, en efecto, obtenido su primera acreditación de periodista. Raffa Garzia,[195] radical, su profesor de italiano en segundo año del liceo, era en la época director y propietario del cotidiano L’Unione Sarda. Acepta la colaboración del alumno, nombrándolo corresponsal de Aidomaggiore, centro de los parajes de Ghilarza. Y así, durante las vacaciones de verano, el 26 de julio de 1910, aparece con la sigla “ gi ” el primer escrito impreso de Gramsci, una pequeña crónica de política local.

 

[189] PAULESU QUERCIOLI, M., Le donne di Casa Gramsci, Roma, 1991,  p. 47.

[190] FIGARI, R., in Gramsci vivo nelle testimonianze dei suoi contemporanei, a cura de M. Paulesu Quercioli, Milano, 1977,  p. 23.

[191] Tomaso Monicelli había sido redactor político del Avanti !, (1904-1905) y luego del Viandante (1909-1910), en Milano, periódico revolucionario del que Gramsci  se hará lector [N. de los Ts].

[192] Gaetano Salvemini (1873-1957), periodista, historiador, militante del Partido Socialista hasta el momento en que éste colabora con el gobierno de Giovanni Giolitti. Adversario encarnizado de este último, le dedica dos escritos Il ministro della malavita, y Le memorie di un candidato. Sus escritos van a influir en el joven Gramsci [N. de los Ts.].

[193] Giuseppe Prezzolini, grafista, había fundado en Firenze, junto con Giovanni Papini, la revista La Voce, que irá a salir hasta 1916 [N. de los Ts.].

[194] 2000 pagine di Gramsci, a cura di G. Ferrata e N. Gallo, Milano, 1971,  v. II.  p. 15.

[195] Raffa Garzia, profesor de italiano en el Liceo Dettori de Cagliari, autor Il canto di una rivoluzione, [N. de los Ts.].

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