IV. Moscú y Viena

1. El amor en tiempos de la Comintern.

El 3 de junio de 1922 Gramsci llega a Moscú atravesando la frontera letona. Había partido de Italia una semana antes, en condiciones de salud bastante precarias. Un año y medio de estadía en la capital soviética en contacto con las máximas personalidades del comunismo mundial, marcará un punto alto de su maduración política y acrecentará en mucho su prestigio en el partido. Pero esta vez lo nuevo no toca solamente la vida pública. Para el “ oso ”, el “ lobo en su madriguera ” del aprendizaje turinés, es tiempo de concederse incluso hasta tonos lánguidos: “ Siento en mí, que me creía completamente árido y seco, una pequeña fuente (pequeña, pequeña...) de melancolía y de claro de luna con contornos azules ” (L,  p. 106). Escribe así, en enero de 1923, a Giulia Schucht, la violinista tímida, la futura mamá de Delio y de Giuliano, el hijo que Gramsci no habría nunca de encontrar. Un sentimiento doloroso, cansado por la lejanía y por la intemperie de un mundo “ grande y terrible”.

 “Hemos estado demasiado poco juntos, e incluso ese poco se lo hemos robado al destino: nuestra felicidad era un contrabando de cada día, aprovechado en una misteriosa cabaña en el bosque. Esto ha dejado demasiados pesares en todo nuestro ser, demasiadas vibraciones que siguen agitándonos, insatisfechas (...). En el fondo no hemos tenido tiempo de sentirnos marido y mujer: hemos sido sólo dos amantes en luna de miel ” (L,  p. 323).

 Hija de un antizarista ruso exiliado, Giulia había nacido en Ginebra, en 1896. La familia Schucht se trasladará, en 1908, a Roma, donde la joven se había inscrito en el Liceo Musical de la Academia Santa Cecilia. Su hermana Tatiana, la persona más cercana a Gramsci durante la prisión, estudiaba medicina y ciencias naturales. Otra hermana, Eugenia, había frecuentado la academia de Bellas Artes. Durante la guerra volverán a Rusia Giulia y Eugenia, Tatiana quedará sola en Roma.

Apenas llegado a Moscú, Gramsci toma parte en la segunda conferencia del Ejecutivo Ampliado de la Internacional (7-11 de junio) y entra en el comité. Inmediatamente después, en estado de grave agotamiento es internado en el sanatorio Serebrjanyj bor (Bosque de plata). Allí se encuentra también hospitalizada Eugenia Schucht, afectada de una forma de depresión que la ha paralizado. Quiere conocer al joven comunista italiano. Se frecuentan y Antonio conoce a Giulia, que, en la ciudad de Ivanov, donde enseña música, acude seguido a visitar a la hermana enferma. Florece un amor que, sin embargo, ya bastante antes de la separación definitiva impuesta por el arresto de Gramsci, conoce raros momentos de serenidad.  Dado de alta de la casa de reposo, el reciente funcionario de la Comintern está inmerso en el trabajo. A la pasión naciente le cuesta ganar espacio entre tantos impedimentos políticos. Le escribe a la cara compagna, Giulia:

 “ Ellos nos convocan a cada momento, a las horas más impensables y sentiría bastante faltar a una reunión sin estar en condiciones de justificar mi ausencia. Deseo mucho ir a verla. Deseo decirle tantas cosas. Pero, lo lograré? Me lo pregunto a menudo, bosquejo largos discursos. Pero cuando estoy cerca suyo, olvido todo. Y sin embargo, debe ser así de simple. Simple como nosotros, o como yo, al menos (...). La quiero y tengo la certeza que Ud. también me quiere “ (L,  p. 108).

 Una noche pasada juntos provoca un lío : “ con un automóvil han buscado en todo Moscú donde podía encontrarme, la GPU ha sido avisada de mi desaparición. He vuelto a las 7 y he sido recibido como un sobreviviente ”. Pero la situación es difícil no sólo del lado del corazón.  En la misma carta Gramsci advierte que “ existe en Italia una orden de arresto contra mí y, por el momento, es imposible pasar legalmente la frontera ”  Por lo tanto “ me quedaré todavía por algún tiempo clavado en Moscú ” (L,  p. 113).

Al día siguiente de la formación del primer gabinete Mussolini (31 de octubre de 1922), fue iniciada, en efecto, la preparación de una radical “ normalización ”, puesta en práctica para poner fuera de la ley al partido comunista. A fin de año, la policía (la Pubblica sicurezza) había recibido del gobierno fascista una lista de dirigentes comunistas, entre los cuales Gramsci, y la respectiva orden de captura. A la vuelta de pocos meses las cumbres de la izquierda italiana serán diezmadas. Serrati encarcelado. El 3 de febrero de 1923 es el turno de Bordiga. Angelo Tasca se expatría en Suiza. En junio, el ejecutivo ampliado de la Internacional nominará autoritariamente el nuevo comite ejecutivo del PCI. Tasca forma parte. También Togliatti, Mauro Scoccimarro, Giuseppe Vota, Bruno Fortichiari (sustituido después por Egidio Gennari). El 21 de septiembre, los miembros del comité son arrestados en Milano con la acusación de complot contra la seguridad del Estado. En noviembre entonces se decide transferir Gramsci a Viena, con encargo de seguir más de cerca la situación del partido italiano y mantener la coordinación con los otros partidos comunistas de Europa. En Moscú lo sustituye Umberto Terracini.  Y llega también la primera separación de Giulia.

2. La lucha contra Bordiga desde Austria.

Cuando, el 5 de noviembre de 1922, se inagura en Moscú el Cuarto congreso de la Comintern, el llamado para el “ Frente Unico ” contra la reacción internacional, por la defensa de la paz, de los salarios y del trabajo, había ya sido rechazado por el PCI. El desacuerdo del partido italiano y la III Internacional nacía no tanto del contenido de la táctica establecida, sino de la obligación que ella comportaba, de retomar las relaciones con los socialistas, de volver a considerarlos aliados al día siguiente de la escisión de Livorno. El grupo bordigeano no renunciaba a reivindicar la salvaguardia de la identidad del PCI y de las razones mismas de su formación como alternativa revolucionaria al reformismo socialista. El informe político de Zinoviev en el cuarto congreso preveía, por el contrario, la fusión del partido comunista y del PSI. El proyecto de constituir en Italia un nuevo partido, denominado Partido Comunista Unificado suscita actitudes diferentes entre los dirigentes del PCI, pero, de todas maneras, no hay consenso. De parte de Gramsci, a pesar que su análisis que articulaba la presencia del fenómeno fascista habría debido sugerirle una mayor atención hacia la política de alianzas en presencia del ataque brutal de la derecha,  la hipótesis de fusión con el PSI es acogida de modo parcial: fusión con la sola fracción “ tercerinternacionalista ” constituída en el seno de aquel partido.

En el momento de la llegada de Gramsci a Viena, el 4 de diciembre de 1923 la situación política y organizativa del PCI es extremadamente delicada. Reducidos a operar ahora en condiciones de casi total clandestinidad, los militantes comunistas sufren, además, la desorientación que se deriva de las crecientes contradicciones internas del grupo dirigente del partido. Desde la cárcel, Bordiga había logrado filtrar un llamado duramente crítico en relación a las directivas del centro moscovita. Su cerrazón en la relación con los socialistas es total, tanto como para poner en discusión hasta la permanencia de los comunistas italianos en la Internacional. Y Gramsci en esta oportunidad no lo secunda. Durante la experiencia de trabajo en Moscú ha madurado, en efecto, su convicción de que los vínculos del partido mismo con la Comintern no podían interrumpirse sin consecuencias irreparables. El ejemplo revolucionario soviético y la confianza en un líder de la estatura de Lenin representaban, por el contrario, con toda probabilidad, el último elemento de cohesión para la base comunista y de resistencia a la represión fascista.

En una nota hecha todavía en Moscú Gramsci resume las premisas de un replanteamiento integral acerca de la identidad y la prospectiva del PCI.

 “ Valor político de la fusión. La reacción se ha propuesto volver a colocar al proletariado en las condiciones en que se encontraba en el período inicial del capitalismo, disperso, aislado, individuos, no clase que siente constituir una unidad y aspira al poder. La escisión de Livorno (el distanciamiento de la mayoría del proletariado italiano de la Internacional Comunista) ha sido, sin duda, el triunfo más grande de la reacción ” (L,  p. 27).

 De la capital austríaca teje entonces un tupido carteo con los principales exponentes del PCI, en la perspectiva de la formación de un nuevo grupo dirigente alternativo a la izquierda extremista y sectaria de Amadeo Bordiga.  De hecho, explica el 5 de enero de 1924:

 “ Me he convencido absolutamente que no se puede hacer ningún compromiso con Amadeo. El es una personalidad demasiado vigorosa y está tan profundamente persuadido de poseer la verdad, que pensar en neutralizarlo con un compromiso, resulta absurdo. El continuará luchando y en cada ocasión volverá a presentar sus tesis siempre intactas (...). Es innegable que la concepción que hasta ahora ha sido oficial en torno a la función del partido se ha cristalizado solamente en discusiones sobre organización y, por lo tanto, en una real y verdadera pasividad política. En vez del centralismo, lo que se ha logrado es un movimiento minoritario enfermo, (...) hoy se necesita luchar contra los extremistas si se quiere que el partido se desarrolle y que no termine por ser otra cosa que una fracción externa del Partido Socialista. En realidad, los dos extremismos, el de izquierda y el de derecha al encapsular al partido en una única y sola discusión a propósito de sus relaciones con el Partido Socialista, lo han reducido a un papel secundario ” (L,  pp. 160-162).

 En una larga carta-informe del 9 de febrero a los compañeros italianos, expone su propia concepción global del partido. Precedentemente había valorado con preocupación los peligros de una eventual fractura. Pero ahora le parece insoslayable “ ir no sólo a una discusión a fondo ante la masa del partido sobre nuestra situación interna sino también a la alineación de un nuevo grupo que busque la dirección del partido ” (L,  p. 223).  Gramsci niega, ante todo, que exista una crisis de confianza entre la Internacional y el PCI en su conjunto. Si hay una crisis, esta existe solamente para una parte de los dirigentes. Así que, las convicciones de Bordiga  no coinciden con las generales, éste “ ha querido ” que se volvieran las del partido. Esto incluso se ha vuelto estéril, causando la pasividad de la masa, “ la estúpida seguridad de que ya había quien pensaba y proveía de todo “.

 “ Esta situación ha tenido gravísimas repercusiones en el campo organizativo. Faltó al partido la posibilidad de elegir, con criterios racionales, los elementos de confianza a los cuales asignar determinados trabajos. La elección fue hecha empíricamente, según el conocimiento personal de cada dirigente y recayó la mayoría de las veces en elementos que no tenían la confianza total de las organizaciones locales y por lo tanto se veían saboteados ” (L.  p. 230).

 De otro lado, señalar abstractamente aspectos organizativos conduce “ al distanciamiento entre la masa y los dirigentes ”. Un “ aparato de funcionarios ” ortodoxos en relación con la línea política oficial no determina automáticamente la revolución. Es necesario, al contrario, concebir el partido como “ el resultado de un proceso dialéctico en el cual convergen el movimiento espontáneo de las masas revolucionarias y la voluntad organizativa y directiva del centro ” (L,  p. 231). La opinión doctrinaria y dogmática de Bordiga no responde a esta gran tarea. De aquí, pues, la necesidad urgente de un cambio de dirigencia adecuado a la fase histórica.

 

3. La soledad del hombre y un periódico nuevo.

Después de un par de semanas en Viena, Gramsci había escrito a Giulia: “ Sabes, se experimenta una sensación muy desagradable al pasar de un territorio proletario a un territorio burgués ” (L,  p. 143). ¿Una simple preferencia ideológica por la patria del socialismo?  Cierto es que la metrópoli austríaca le gusta poco.

 “ También aquí ha comenzado el invierno, la nieve cubre las calles, el paisaje es una fuga de amontonamientos blancos que me recuerdan las salinas de Cagliari con sus respectivos galeotes. Pero, cuánto es más triste y desolada Viena que Moscú! La vida transcurre triste y monótona. No salgo de casa sino para ir a la trattoria o a alguna cita organizativa ” (L,  p. 157).

Vive “ aisladísimo ” pero la lejanía de Giulia pesa más que su extravío en la ciudad extraña. “ Siento tu ausencia , siento un gran vacío en torno a mí. Comprendo hoy más que ayer y que antes de ayer cuánto te quiero y cómo cada día se puede querer todavía más ”. Piensa en ella “ mucho, mucho ”. “ A menudo me desgarra el no poder abrazarte, de no sentirte cerca, buena, buena, tan querida, de no poder abrazarte y acariciarte largamente ” (L,  p.181). La quiere junto a él, casi la invoca.

“ Querida, debes venir. Tengo necesidad de ti. No puedo estar sin ti. Tú eres una parte de mí mismo y siento que no puedo estar lejos de mí mismo. Estoy como suspendido en el aire, como lejos de la realidad. Pienso siempre con una nostalgia infinita, en el tiempo que hemos pasado juntos, con tanta intimidad, en una expansión tan grande de nosotros mismos. Si una razón superior a nuestra vida individual se opusiese a tu venida, yo ciertamente no insistiría, quizás no habría ni siquiera pensado en pedirte que vinieras: pero esta razón no existe. Y tu vendrás y yo podré sentir tus caricias ” (L,  p. 193).

 No vendrá. No sólo : de parte de Giulia comienza a caer el silencio. Para tener noticias, Gramsci se ve obligado a recurrir a terceras personas, compañeros de partido que quedaban en Moscú. Pasarán algunos meses antes de recibir de la mujer una “ vaga ” alusión a “ una nueva vida que une las nuestras más aún de todo cuanto las ha unido ” (L,  p. 272). Giulia estaba encinta de Delio, que nacerá en agosto.

El 12 de septiembre de 1923, Gramsci informará a los dirigentes comunistas sobre la propuesta, avanzada por el Presidium Soviético, de hacer publicar un nuevo “ cotidiano obrero ”.

 “ Propongo como título L’Unitá, pura y simplemente, que será significativa para los trabajadores y tendrá un significado más general, porque creo que después de la decisión del ejecutivo ampliado sobre el gobierno obrero y campesino, nosotros debemos dar importancia especialmente a la cuestión meridional, es decir a la cuestión en la cual el problema de las relaciones entre obreros y campesinos se plantea no sólo como un problema de relaciones de clase, sino también y especialmente como un problema territorial, es decir como uno de los aspectos de la cuestión nacional ” (L,  p. 130).

 El primer número de L’Unitá , “ Cotidiano de los obreros y campesinos ”, aparece en Milano el 12 de febrero de 1924. Desde el 12 de agosto se transformará en el “ Organo del PCD’I ”. Pero desde el primero de marzo comienza también la tercera serie del Ordine Nuovo, publicado en Roma como reseña quincenal de política y cultura obrera. En el primer número de la revista (el glorioso encabezado tiene pronto un gran éxito), Gramsci publica la editorial intitulada Capo, con la cual conmemorará a Lenin, muerto el 21 de enero. Y lo hace contraponiendo la figura de un jefe de la clase obrera contra aquella del “ duce ” del movimiento fascista.   

 “ El jefe, el partido, son elementos de la clase obrera. ¿Representan ellos los intereses y las aspiraciones más profundas y vitales, o son ellos una excrecencia o una simple yuxtaposición violenta?

El partido comunista ruso, con su jefe, Lenin, estaba tan ligado a todo el desarrollo del proletariado ruso, a todo el desarrollo, pues, del conjunto de la nación rusa, que no es posible ni siquiera imaginar el uno sin el otro, ni al proletariado como clase dominante sin que el Partido Comunista sea el partido de gobierno y, entonces, sin que el Comité Central del partido sea el inspirador de la política de gobierno y sin que Lenin sea el jefe de Estado (...). En el fondo, confusamente, hasta el burgués ruso comprendía que Lenin no habría podido acceder a la jefatura del Estado ni mantenerse en ella sin el dominio del proletariado, sin que el Partido Comunista fuese el partido de gobierno ” (CPC,  p. 14).

¿Quién era y qué representaba en cambio Benito Mussolini, el “ capo ” exaltado de la propaganda reaccionaria y autoritaria italiana?

 “ Conocemos ese rostro. Conocemos ese tornear de ojos en las órbitas, que en el pasado se propusieron aterrorizar a la burguesía con su mecánica ferocidad y hoy aterrorizan al proletariado. Conocemos ese puño siempre cerrado, amenazador. Conocemos todo ese mecanismo, todo ese arsenal y comprendemos que pueda impresionar y mover las vísceras de la juventud de las escuelas burguesas; es de verdad impresionante, incluso visto de cerca causa estupor. ¿Sin embargo, es un “ jefe ”? Es el tipo concentrado de la pequeña burguesía italiana, rabioso, feroz mezcla de todos los deshechos dejados sobre el suelo nacional por tantos siglos de dominio de los extranjeros y del clero, no podía transformarse en el jefe del proletariado; se convirtió en el dictador de la burguesía que gusta de los rostros feroces cuando se vuelve otra vez borbónica, que espera ver en la clase obrera el mismo terror que aquella sentía por el giro de aquellos ojos y por aquel puño amenazador ” (CPC,  p. 15).

 El esfuerzo enorme realizado por Lenin para reconstruir la sociedad rusa, víctima de la secular autocracia zarista y descompuesta por cinco años de guerra se ha producido en el contexto de la dictadura del proletariado cuyas características son expansivas, no represivas. “ Un continuo movimiento se verifica desde abajo hacia arriba, un continuo intercambio a través de toda la capilaridad social, una continua circulación de los hombres ”. El arbitrio y la vejación están en la base del gobierno de Mussolini. Su doctrina se agota en la amenaza, en la terrible “ máscara  física ” (CPC,  p. 16).

En la consulta política del 6 de abril de 1924, Gramsci es elegido diputado a la Cámara por la circunscripción de Veneto. Después de dos años, resguardado por la inmunidad parlamentaria, puede volver a Italia.

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