PROLOGO A NOTAS SOBRE MAQUIAVELO,

SOBRE POLITICA Y SOBRE EL ESTADO MODERNO, 1962.

Un nuevo tomo de los "Cuadernos de la Cárcel" de Antonio Gramsci pasa hoy a integrar el acervo ideológico de nuestro pueblo. Es quizás el más importante y el más concluido del genial pensador italiano y junto a los ya publicados por Lautaro nos permitirá lograr una visión más cabal de la riqueza de pensamiento, la rigurosidad científica, la amplitud de miras y la pasión revolucionaria que animan las páginas encendidas de estos escritos de la cárcel, verdadero monumento del marxismo contemporáneo. Y decimos el más importante porque ninguno como éste tiende a mostrarnos el Gramsci combatiente que, alejado del cotidiano batallar por la acción coercitiva de los jueces fascistas, sigue en la cárcel trabajando en forma "desinteresada", füs swig, vale decir para el mañana y no sólo para el presente, para legar a sus compañeros de convicciones la suma de la experiencia de años de luchas por el triunfo de la causa del socialismo en Italia. Gramsci fue por sobre todo un hombre de partido, profundamente interesado en los problemas de la construcción del Nuevo Orden, del Estado Socialista, del logro de la hegemonía del proletariado en la sociedad moderna y del papel que deben jugar los intelectuales en este nuevo Estado y en esta nueva sociedad.

Ante todo y por sobre todo fue un político práctico. Y por ello mal podríamos comprender en toda su magnitud las reflexionas gramscianas si las apartáramos de su condición de militante y dirigente de la clase obrera italiana. Si para el marxismo se trata no sólo de interpretar al mundo sino fundamentalmente de transformarlo, en la política, en el diario accionar por la modificación de la realidad existente, se expresa la concepción del mundo, el sentido que cada uno de nosotros, hombres concretos en circunstancias determinadas, otorga a las cosas de este mundo. Por ello acierta Togliatti al señalar que "en la política está la sustancia de la historia y para aquél que ha llegado a la conciencia crítica de la realidad y de la tarea que le espera en la lucha por transformarla, está también la sustancia de su vida moral" [1]. Y allí están las profundas observaciones personales en Passato e Presente (el último volumen de los Cuadernos) para atestiguar que en Gramsci es inescindible la unidad de teoría y práctica, de lucha política y vida moral. Por sobre la aparente disgregación de los cientos de notas y apuntes que constituyen los escritos de la cárcel, existe algo que los unifica en forma vital. Es la propia vida de Gramsci, sus experiencias de dirigente de la clase obrera italiana la que se vuelca en esas páginas escritas con letra diminuta y prolija. Su deseo de estar vivo, de no ser escindido del mundo, pudo más que la acción de quienes deseaban impedir que su cerebro siguiese funcionando y que los tormentos de su cuerpo enfermo y maltrecho, porque toda su vida estaba sujeta a una voluntad férrea que le permitía centralizarla alrededor del estudio y la meditación. Si había algo que odiaba y despreciaba era la irresponsabilidad, la vanidad, el diletantismo. "la veleidad que suplanta la voluntad concreta". Desde sus primeros escritos hasta los Cuadernos aparecerá siempre el motivo socratiano del "conócete a ti mismo" como guía moral. Para Gramsci la cultura no consiste en el afán enciclopédico de acumular datos y nociones particulares Es por sobre todo "organización, disciplina del propio yo interior, es toma de posesión de la propia personalidad, es conquista de una conciencia superior, por la cual se llega a comprender el propio valor histórico, la propia función en la vida, los propios deberes y derechos... Conocerse a sí mismo quiere decir ser sí mismo, ser dueño de sí mismo, distinguirse, salir fuera del caos, ser un elemento de orden, pero del propio orden y de la propia disciplina en torno a un ideal" [2] Y por ello amaba tanto el estudio de la historia, ya, que es allí donde el hombre al conocer a los demás y al saber de los esfuerzos que debieron realizar para llegar a ser lo que fueron y para crear este mundo que hoy nos rodea, se conoce también a sí mismo. "Pienso que la historia te gusta --le escribe a su hijo Delio-- como me gustaba a mi cuando tenía tu edad, porque se refiere a los hombres que han vivido y todo lo que se refiere a los hombres, a cuantos más hombres es posible, a todos los hombres del mundo en cuanto a su reunión en la sociedad, en el trabajo y en la lucha, en su afán por su propia superación, no puede dejar de interesarte más que cualquier otra coas" [3].

1 PALMIRO TOGLIATTI, Gramsci e il Leninismo, Studi Gramsciani, Edit. Riuniti, 1958, p. 15.

2 ANTONIO GRAMSCI, Scritti Giovanili, Edit. Einaudi, 1958, pp. 24/25.

3 ANTONIO GRAMSCI, Cartas desde la cárcel, Edit. Lautaro, 1950; p. 336.

Este humanismo de Gramsci, su amor a los hombres y su firme y heroica voluntad de no apartarse de ellos, de ayudarles en el proceso de sus luchas presentes y futuras ha triunfado y su obra, precisamente en virtud de su "desinterés" que es un trabajar por la humanidad trabajando más profundamente para la clase obrera, y el pueblo italiano, ayuda hoy a todos aquellos que en el mundo están luchando para cerrar una etapa del desarrollo de la sociedad y para abrir otra donde el hombre, recuperado de sus alienaciones. pueda realizar el ideal marxista del "hombre total".

A quien frecuenta los escritos de Gramsci hay algo que de inmediato lo impresiona en forma viva: su permanente vinculación con la realidad, de la cual parte y a la que quiere penetrar, y su constante utilización del materialismo histórico como clave interpretativa de esa realidad. Aquí reside el mérito de Gramsci que es quizás, después de Lenin, el pensador que más ha contribuido al desarrollo del marxismo en estos últimos años. Al igual que Lenin, unía a un acertado conocimiento de la filosofía de la praxis y de la cultura de nuestra época un amplio y profundo conocimiento de la sociedad italiana en todos sus aspectos. Y en este sentido su originalidad es tal que muchos investigadores, no sin la dolorosa intención de retacear el contenido militante de Gramsci, que además de teórico marxista fue el fundador y dirigente del Partido Comunista Italiano, han creído encontrar una disimilitud de planteamientos en cosas fundamentales de la teoría marxista como la función del partido del proletariado que para Gramsci sería instrumento de la hegemonía y para Lenin, instrumento de la dictadura. Vale decir, una cosa sería la doctrina gramsciana de la hegemonía y otra radicalmente distinta la leninista de la dictadura del proletariado. El problema es complejo porque exige superar dos vicios opuestos pero en última instancia similares en sus limitaciones metodológicas. Por un lado la interpretación simplista de aquellos que conciben un Gramsci llegado a un punto muerto de su desarrollo personal y a quién los sucesos de la Revolución de octubre y el conocimiento de las obras de Lenin salvan del desconcierto y el encierro idealista adviniendo así a la conquista del leninismo. El mérito de Gramsci residiría por lo tanto en haber aplicado inteligentemente a la realidad italiana el leninismo así adquirido que pasaría a ser, de tal manera, una verdad paradigmática, total y cerrada, vale decir un sistema ya concluido y no una teoría que deriva y se desarrolla en situaciones históricas determinadas, estando por ello sometida a un proceso continuo de renovación y desarrollo.

Pero existe también el simplismo de quienes parecen no darse cuenta que es imposible comprender a Gramsci en la totalidad de su desarrollo si lo escindimos de Lenin, que la teoría del Estado tal como se esboza en el Maquiavelo presupone a Marx y Lenin aún cuando desarrolle algunos aspectos que estos pensadores solamente delinearon debido a las diferentes exigencias político-ideológicas que se les planteaban. El mismo Gramsci lo reconoce cuando al analizar este problema de la hegemonía hace mención al aporte leninista en estos términos "...el más grande teórico moderno de la filosofía de la praxis [Lenin, J. A.], en el terreno de la lucha y de la organización política, con terminología política, en oposición a las diversas formas "economistas", ha revalorado el frente de la lucha cultural y construido la doctrina de la hegemonía como complemento del Estado-fuerza, (es decir, la dictadura del proletariado en el lenguaje carcelario que debía utilizar) [Gramsci, J. A.), y como forma actual de la doctrina de la "revolución permanente de 1948" [4].

4 ANTONIO GRAMSCI, El Materialismo Histórico y la filosofía de Benedetto Croce, Edit. Lautaro; 1958, p. 199.

Se trata entonces de reconstruir el largo proceso de desarrollo que va desde su juventud en la Cerdeña oprimida por un Estado que en el mismo momento de su nacimiento basó su estabilidad estructural en la explotación inhumana de regiones enteras de su país, para favorecer así la acumulación capitalista en las otras, hasta su muerte tres días después de salir de la cárcel en 1937. Fueron pocos años de vida pero muy intensos, puesto que los sacudimientos surgidos en el mundo con motivo de la guerra y el desarrollo del movimiento revolucionario plantearon tales exigencias, destrozaron tantas cristalizaciones, rompieron tantos prejuicios teóricos que fue necesario afrontarlos y resolverlos abandonando todo esquema dogmático, luchando desde el interior del movimiento obrero por un marxismo depurado de toda clase de incrustaciones extrañas, de toda clase de determinismo fatalista que mellara la voluntad del hombre, pera sabiendo también que todo retorno a un marxismo genuino y renovado colocaba a éste en condiciones de enfrentar y superar todas las manifestaciones de la cultura burguesa. Era una tarea gigantesca, pero impostergable pues sólo cumpliendo con ella el proletariado estaría en condiciones, de ejercer su influencia sobre los diferentes grupos sociales y convertirse en clase hegemónica., portadora por lo tanto del germen de una nueva cultura, de una reforma intelectual y moral. Esta fue la tarea emprendida por Lenin y resuelta con la Revolución de Octubre. Hacia este logro se orientó también Gramsci en su esfuerzo por individualizar las tendencias y particularidades planteadas por la. revolución socialista en Italia. El entronque de Gramsci con el leninismo deriva del hecho de que las exigencias planteadas a los revolucionarios marxistas por esa época de la primera posguerra eran en esencia las mismas. Se trataba del triunfo de la revolución socialista en ambos países, se trataba de criticar las viejas concepciones envejecidas de los socialdemócratas que castraban el aspecto revolucionario del marxismo, se trataba de comprender que el proletariado debía conducir esta batalla abandonando todo espíritu de cuerpo, toda limitación sectaria, para convertirse en el caudillo de todas las masas explotadas y que esto requería el fortalecimiento y desarrollo de su partido de clase.

Aquí está el leninismo de Gramsci que es innegable además de original porque no surge de la simple aceptación de las teorizaciones de Lenin sino de la comprensión profunda de la nueva posición que asume la clase obrera internacionalmente cuando la madurez objetiva del sistema imperialista plantea la necesidad de la revolución socialista. De estas consideraciones parte la concepción leninista del Partido del proletariado y es esta concepción la que fructifica en Gramsci de una manera profundamente original. Con justeza señala Togliatti que dicha originalidad "reside en haber dado a esta doctrina una forma que la inserta en la realidad italiana, la convierte en un momento del desarrollo de las doctrinas políticas en nuestro país, la vincula a los puntos cruciales de nuestra historia y de aquí deriva una demostración de su verdad que es de impresionante eficacia"[5].

5 TOGLIATTI, Obra cit., p. 32.

De las experiencias de los acontecimientos de Octubre y de los sucesos posteriores Gramsci extrajo múltiples elementos que tuvieron una vital importancia para el objetivo que se habla trazado de esclarecer a su clase y asimismo sobre las orientaciones e indicaciones necesarias para guiar al proletariado y a sus aliados hacia la conquista del poder, a través de los caminos trazados por las particularidades del desarrollo histórico-social italiano.

Ya. Agosti ha indicado en el prólogo a la edición castellana de "El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce" cómo el sentido creador del marxismo es reivindicado por Gramsci desde sus primeros escritos en "Il Grido del Popolo" de Turín. Su concepción de la historia como desarrollo dialéctico, que le viene de su formación idealista crociana, le impidió caer en el chato positivismo que constituía la sustancia de la cultura socialista de la época. Pero aún cuando por ese entonces fuera "tendencialmente crociano", la experiencia política en un medio donde la fuerza del proletariado tenía (y tiene) tanto peso como en Turín, el feudo de la Fiat, y el acabado conocimiento de las mejores tradiciones de la investigación económica e histórica de los maestros de la historiografía racionalista y positivista, lo llevó a superar las limitaciones especulativas del mismo Croce y a concebir el marxismo como historicidad absoluta o humanismo integral, en el cual hombre y realidad, instrumento de trabajo y voluntad, no están disociados, sino identificados en el acto histórico" [6].

6 ANTONIO GRAMSCI, Escritti giovanili, Edit. Einaudi, 1958, pág. 154

Es indudable que en el cuadro de dicha formación la etapa del Ordine Nuovo fue vital para Gramsci. El hecho de que esa modesta "revista de cultura socialista" se convirtiera en portavoz de un movimiento de masas tan potente como el de los Consejos de Fábrica condujo a Gramsci a elaborar los fundamentos de una nueva concepción de la revolución socialista en Italia. Así como en Rusia fueron los Soviets los nuevos órganos de poder de la revolución bolchevique, en Italia dicha función podrá ser cumplida por los Consejos de Fábrica en quienes, según Gramsci, "se encarna la forma actual de la lucha de clases tendiente al poder". Los Consejos son un nuevo tipo de organización proletaria, que se basa en la fábrica y no en los oficios, en la unidad de producción y no en los sindicatos profesionales. Este nuevo tipo de organización, desarrollándose, articulándose, enriqueciéndose con funciones ordenadas jerárquicamente constituye la estructura del Estado socialista, el instrumento de la dictadura proletaria en el campo de la producción industrial. Así define el Ordine Nuovo a estos organismos cuya característica fundamental reside en ser instituciones de carácter "público" en las cuales el conjunto de la clase obrera entra a formar parte como "productora", y no como en los sindicatos como asalariados esclavos del capital, adquiriendo con ello la conciencia del puesto que ocupa en la producción y en la sociedad. Son por ello los órganos que posibilitan el control obrero de la producción en el período previo a la revolución y la dirección total de la economía luego de ella. Fue tal el entusiasmo creado en el proletariado turinés por el llamamiento del Ordine Nuovo a constituir los Consejos que al cabo de pocos meses más de ciento cincuenta mil obreros de Turín estaban organizados en ellos.

Estaríamos equivocados si creyéramos que todo esto no fue más que un genial descubrimiento de Gramsci y de los redactores del Ordine Nuovo. Aquí jugó un papel fundamental la profunda asimilación del proceso revolucionario ruso, la identificación de lo esencial de dicho proceso al margen de lo anecdótico. Pero la experiencia ordinovista a pesar de haber creado las premisas para el nacimiento y el desarrollo de un nuevo partido de la clase obrera (concretadas en 1921 cuando en Livorno se creó el Partido Comunista), contenía en su seno un límite que era necesario superar. Un límite que la propia derrota del movimiento de los Consejos planteó en toda su magnitud y cuya superación se logra cuando recogiendo la esencia de la concepción leninista de la hegemonía, Gramsci aproxima los dos términos de la cuestión obrera y de la cuestión campesina y mediante una magistral interpretación histórica de la formación y el desarrollo del moderno Estado burgués en Italia, da paso a una concepción totalmente renovadora del problema de la dirección política del proletariado en el curso de la lucha por el triunfo de la revolución socialista en su país.

Gramsci aporta, por consiguiente, una concepción que es profundamente leninista en la medida en que ha bebido de las raíces nacionales del proceso revolucionario. Es evidente entonces que el leninismo de Gramsci no puede ser reducido a una simple cuestión de adhesión o de conquista sino que implica también elementos de convergencias que son verdaderos aportes originales y que deben ser considerados ellos también como leninismo, si por tal concebimos el desarrollo del marxismo, rescatado de la revisión socialdemócrata, en una nueva fase histórica: la época de la descomposición imperialista, el triunfo de las revoluciones proletarias y el paso a un nuevo ordenamiento social basado en la liquidación de la explotación del hombre por el hombre.

Testimonios de la madurez alcanzada por Gramsci en la profundización de los elementos fundamentales del camino italiano al socialismo, son dos escritos inmediatamente anteriores a su detención que contienen en esencia los temas desarrollados luego en los Cuadernos. Tanto en las Tesis para el III Congreso del P.C.I. (Lyon, 21 de enero de 1926) como en su inconcluso Alcuni temi della questione meridionale (Algunos problemas de la cuestión meridional) las tareas presentes del proletariado están planteadas en función del conjunto de los problemas no resueltos históricamente por la burguesía. Para Gramsci era imposible analizar científicamente el fenómeno del fascismo como tendencia inevitable del Estado liberal italiano y adoptar una línea de trabajo que condujera a su derrota sin un estudio profundo de la estructura económica-social italiana y el proceso histórico que la conformó. Si en las Tesis el análisis de las fuerzas motrices de la revolución italiana es resuelto con una justeza y una brillantez admirable, esto es producto de un conocimiento cabal del complicado movimiento histórico que condujo a la burguesía a la dirección del Estado unitario. Trombetti cuenta de la preocupación que tenía Gramsci por el desarrollo de los cuadros del Partido y de cómo consideraba que el elemento esencial para la formación de un buen dirigente revolucionario era la comprensión profunda de la historia de Italia, sobre todo de los últimos cien años. Es esta necesidad de esclarecer a su partido y a la clase obrera lo que lo impulsa a escribir su folleto sobre la cuestión meridional que contiene una visión nueva de este problema fundamental de la historia italiana, ya qué por primera vez es analizado exhaustivamente: en función de la estructura de clases que estaba en la base del Estado liberal-burgués surgido del Risorgimento y que era necesaria transformar en un sentido socialista mediante la sólida alianza de las dos grandes clases "que han comprendido ser esencialmente nacionales y portadoras del porvenir: el proletariado y los campesinos" (Gramsci).

Respondiendo a quienes acusaban al grupo ordinovista de tratar de solucionar el problema de los campesinos del sur de Italia y de las Islas mediante la "fórmula mágica" de la división de los latifundios entre los proletarios rurales, Gramsci responde --y perdóneseme lo extenso de la cita-- que "los comunistas turineses se habían planteado concretamente la cuestión de la "hegemonía del proletariado", es decir, de la base social de la dictadura del proletariado y del Estado obrero. El proletariado puede convertirse en clase dirigente y dominante en la medida en que logra crear un sistema de alianzas de clases que le permita movilizar contra el capitalismo y el Estado burgués a la mayoría de la población trabajadora, lo que significa, en Italia, en las reales relaciones de clase existente en Italia, en la medida en que logra obtener el consenso de las amplias masas campesinas. Pero la cuestión campesina en Italia está históricamente determinada, no es la "cuestión campesina y agraria en general"; la cuestión campesina, debido a la determinada tradición italiana, al determinado desarrollo de la historia italiana, ha asumido dos formas típicas y peculiares: la cuestión meridional y la cuestión vaticana. Conquistar a la mayoría de las masas campesinas significa, por consiguiente, para el proletariado italiano, hacer suya estas dos cuestiones desde el punto de vista social, comprender las exigencias de clase que ellas representan, incorporar estas exigencias entre sus reivindicaciones de lucha" [7]

7 ANTONIO GRAMSCl, Alcuni temi della quistione meridionale, artículo incluido en la Antología popolari degli scritti e delle Lettere, Edit. Reuniti. 1967, p. 206-207.

Este concepto de la alianza de la, clase obrera y el campesinado planteado aquí no como algo circunstancial sino como un nexo fundamental, orgánico, base de un nuevo bloque de fuerzas enfrentado a aquel dirigido por la burguesía, que constituye el núcleo fundamental de la contribución leninista al marxismo, es luego desarrollado en forma creadora en el volumen sobre Maquiavelo y en los demás escritos de la cárcel a través de la categoría de hegemonía y de la distinción entre el momento del dominio y el momento del consenso.

Pero para el logro de tal alianza el proletariado debe saber despojarse de toda clase de prejuicios y residuos corporativos, debe llegar a pensar no como albañil, carpintero o metalúrgico, sino como hombre perteneciente a una clase cuyo objetivo es la construcción de una nueva sociedad que no conozca las laceraciones de clase y cuya victoria depende de su capacidad de convertirse en el dirigente de los campesinos y de los intelectuales. Y aquí se plantea la necesidad de la existencia de un fuerte partido del proletariado, que lo ayude en el complicado proceso de resolver exitosamente estas ecuaciones de fuerzas. "El proletariado --dice Gramsci--, destruirá al bloque agrario meridional en la medida en que logre, a través de u partido, organizar en formaciones autónomas e independientes una masa cada vez mayor de campesinos pobres; pero logrará en mayor o menor medida esta tarea obligatoria también subordinadamente a su capacidad de disgregar el bloque intelectual que es la armadura flexible pero muy resistente del bloque agrario".

La hegemonía del proletariado implica entonces la alianza eon el campesinado y la necesaria incorporación a este bloque de los intelectuales. Poro cal protagonista de esta tarea debe ser el moderno Príncipe: el partido del proletariado.

El moderno Príncipe y la función que debe desempeñar, su estructura interna, los problemas tácticos y estratégicos que se presentan a su actuar en el seno de la sociedad italiana: he aquí el problema fundamental que Gramsci aborda en los apuntes recogidos por Einaudi en "Notas sobre Maquiavelo, la política y el estado moderno". Hemos tratado de mostrar rápidamente cómo estas notas presuponen un arduo proceso de maduración del pensamiento gramsciano que culmina en el ensayo dedicado a la cuestión meridional que quedó inconcluso sobre su mesa de trabajo cuando en la tarde del 8 de noviembre de 1926 fuera detenido por la policía fascista. Muchos de los problemas abordados en los Cuadernos están allí apenas esbozados mientras que nuevos temas se agregan respondiendo a nuevas exigencias políticas ,y culturales.

Recordemos cuán rico en acontecimientos políticos fue el período transcurrido en la cárcel (1926-1937). El descenso de la ola revolucionaria que siguió en Europa y otros lugares a la Revolución Rusa, el desarrollo del fascismo en Italia, Hungría, Polonia la derrota del movimiento obrero en Alemania y el ascenso de Hitler al poder, el duro período de construcción del socialismo en la URSS, agravado por el cerco imperialista establecido contra ella., la revolución china, los prolegómenos de la tragedia española, fueron algunos de los acontecimientos que mostraron que a la etapa de la ofensiva revolucionaria del proletariado le sucedía una etapa de "estabilización relativa" del capitalismo donde lo fundamental era resistir e impedir que la clase obrera fuese aplastada. Fue la etapa que Gramsci caracterizó, utilizando una imagen del arte militar, como de pasaje de la "guerra de maniobra" a la "guerra de posición". Pero si este último tipo de lucha exige "una concentración inaudita de la hegemonía" comprendemos por qué el núcleo que estructura y centraliza al conjunto fragmentario de los Cuadernos gira alrededor de los problemas del Estado y del concepto de hegemonía con todas las implicancias que de ellos derivan.

Y el mismo Gramsci se encarga de confirmarlo cuando en una carta a su cuñada Tatiana del 7 de setiembre de 1931, luego de informarle del estado de sus investigaciones sobre los intelectuales agrega que "...Este estudio conduce también a ciertas determinaciones del concepto del Estado, que de costumbre es comprendido como sociedad política o dictadura, o aparato coercitivo (para conformar la masa del pueblo, de acuerdo al tipo de producción y la economía. de un momento dado) y no un equilibrio entre la sociedad política y la sociedad civil (hegemonía de un grupo social sobre toda la sociedad nacional ejercida a través de las llamadas organizaciones privadas, como la Iglesia, los sindicatos, las escuelas, etc.) y precisamente es en la sociedad civil en la que sobre todo actúan los intelectuales" [8].

8 ANTONIO GRAMSCI, Cartas desde la cárcel, pp. 183/184

El tema del Estado y de sus relaciones con la sociedad fue siempre y es evidente la razón, motivo de profundas reflexiones de parte de los creadores del marxismo. Tanto Marx como Engels y Lenin escribieron innumerables trabajos (algunos de ellos de fundamental importancia como El Estado y la Revolución) desnudando la esencia de clase de este organismo al que los juristas y políticos burgueses consideran como "representante de los intereses generales de la sociedad" (sic). Sin embargo, por exigencias políticas o por otros motivos no todos los aspectos que presenta un fenómeno social tan complejo como éste, fueron analizados con la misma profundidad que el aspecto de "órgano de dominación de clase, de opresión de una clase por otra" (Lenin) en el que se detuvieron con preferencia los creadores del marxismo. Para Gramsci "Estado es todo el complejo de actividades prácticas y teóricas con las cuales la clase dirigente no sólo justifica y mantiene su dominio sino también logra obtener el consenso activo de los gobernados"[9]. Y es fundamentalmente a este último aspecto al que se refiere Gramsci en los Cuadernos, vale decir al Estado cromo hegemonía, como dirección política, como ordenamiento moral e intelectual. Es también a este aspecto al que retorna Lenin (y digo retorna porque en el ¿Qué hacer? estaba magistralmente analizado) hacia el final de su vida en los trabajos sobre el nuevo Estado creado por la. Revolución de Octubre.

9 ANTONIO GRAMSCI, Notas sobre Maquiavelo, p. 107.

Pero más que un afán de precisión filológica-política del concepto de Estado en general que entraría en contradicción con el espíritu y la letra del método marxista de análisis el cual parte siempre de una situación concreta en un momento determinado, a Gramsci le interesa analizar el Estado burgués italiano como forma específica de ordenamiento de las relaciones entre las clases de la sociedad italiana. Le interesa analizar el proceso de creación y conservación de dicho ordenamiento, porque a través de este análisis podrá ser resuelto el problema de su destrucción mediante la labor ideológico-práctica de la clase hasta ayer subalterna y destinada hoy a superarlo: el proletariado. Partiendo de este concepto de Estado como totalidad orgánica de dos momentos a veces contradictorios: dictadura y hegemonía, dominación y dirección, para Gramsci no es suficiente apelar al argumento de la violencia de las clases dominantes, al poder represivo del aparato burocrático militar, para explicar las razones de por qué una determinada clase social ejerce el predominio. "Cuando se habla de sociedad burguesa o feudal --dice Giuseppe Tamburrano en un interesante trabajo sobre este tema-- mantenida coactivamente por las leyes, por los jueces o la fuerza militar, se entiende también un cierto modo de vivir y de pensar, una Weltanschauunq, una concepción del mundo defendida en la sociedad y sobre la cual se fundan las preferencias, los gustos, la moral, las costumbres, el buen sentido, el folklore y los principios filosóficos y religiosos de la mayoría de los hombres vivientes en aquella sociedad. Este modo de ser y de actuar de los hombres, de los gobernados, es el puntal más importante del orden constituido; la fuerza material es una fuerza de reserva para los momentos excepcionales de crisis. Por norma, el dominio de la clase dominante se funda sobre aquellas fuerzas que se pueden llamar "espirituales", vale decir sobre una adhesión de los gobernados al tipo de sociedad en la cual viven, al modo de vida de aquel orden de vida social, es decir, sobre el consenso. Es este concepto el que interesa a Gramsci, y es lo que trata de definir, analizar y explicar" [10].

10 Studi Gramsciani, p. 280.

Sin embargo, esta distinción gramsciana (que ya se encuentra en Marx y antes en Hegel) no puede conducirnos a creer en la existencia de dos fenómenos separados. El Estado como dictadura de clase y el Estado como sociedad no son más que dos momentos reales y activos de un único fenómeno general y expresan en última instancia el hecho de que la supremacía de una clase social se manifiesta en dos planos diferentes, como "dominio" y como "dirección intelectual y moral". "Un grupo social --dice Gramsci-- es dominante de los grupos adversarios que tienden a "liquidar" o a someter aún mediante la fuerza armada, y es dirigente de los grupos afines y aliados". De allí entonces que no tenga sentido y constituyan una burda deformación los intentos de algunos revisionistas contemporáneos como Antonio Giolitti de hacer aparecer como contradictorios o excluyentes los conceptos de hegemonía y dictadura del proletariado, presentando al primero corno inherente a una forma particular de conquista del poder, que corresponde a las sociedades más desarrolladas, a Occidente, y al segundo como más adecuado para aquellas sociedades más retrasadas, por ejemplo. Oriente.

Mediante un truco conceptual se confunden dos categorías que no son contradictorias sino distintas puesto que se refieren a diferentes aspectos de una misma situación. El concepto de hegemonía define las relaciones entre la clase dirigente y el conjunto de las clases aliadas, mientras que el de dictadura hace referencia a las relaciones de enfrentamiento entre estas clases y las reaccionarias que es necesario destruir.

Esta distinción entre sociedad política (Estado propiamente dicho) y sociedad civil tiene no sólo una importancia teórica sino también una gran significación práctica, puesto que para Gramsci "Un grupo social puede y aún más debe ser dirigente ya antes de conquistar el poder gubernamental (es ésta una de las condiciones principales para la misma conquista del poder); después, cuando ejerce el poder, aunque lo tenga fuertemente en un puño se convierte en dominante, pero debe continuar siendo también "dirigente". Para el proletariado la conquista del poder no puede consistir simplemente en la conquista de los órganos de coerción (aparato burocrático-militar) sino también y previamente en la conquista de las masas.

Si la hegemonía es expresión de una relación orgánica, de una dirección intelectual y moral, mediante la cual las masas se sienten permanentemente ligadas a sus organizaciones de clases, es decir, si la hegemonía significa la formación de una voluntad colectiva nacional popular, para Gramsci es de fundamental importancia rastrear en la historia italiana las razones de los sucesivos fracasos de las tentativas para lograr dicha formación. La conexión con Maquiavelo no es por lo tanto producto de un capricho sino del intento de indagar qué fuerzas sociales impidieron en un momento dado la constitución de un gran Estado unitario y cómo siguen actuando en el presente para impedir la lucha de la clase obrera por el nuevo Estado socialista. Pero así como Maquiavelo en cuanto teórico de los Estados nacionales trató de lograr la formación de una voluntad nacional popular a través de la figura mítica de un príncipe, en las condiciones actuales, "el moderno príncipe, el mito-príncipe, no puede ser una persona real, un individuo concreto --dice Gramsci--: sólo puede ser un organismo, un elemento de sociedad complejo en el cual comience a concretarse una voluntad colectiva reconocida y afirmada parcialmente en la acción. Este organismo ya ha sido dado por el desarrollo histórico y es el partido político: la primera célula en la que se resumen los gérmenes de voluntad colectiva que tienden a devenir universales y totales" [11]. El instrumento a utilizar puede ser diferente pera el objetivo es el misma. Maquiavelo se esfuerza par convencer al pueblo de la necesidad de la existencia de un "jefe" que tenga plena conciencia de lo que quiere y de la forma de lograrlo, y de la utilidad de seguirlo con plena fe y entusiasmo aunque su actividad parezca estar, a esté en abierta contradicción con la ideología de la época que era la religión. Esta posición debe ser aproximada según Gramsci a la de Marx, Engels y Lenin que lucharon también por "destruir la unidad basada en la ideología tradicional sin cuya ruptura la fuerza nueva no podría adquirir conciencia de la propia personalidad independiente" [12]. Pero una masa humana no puede adquirir por sí misma una personalidad independiente sin organizarse en el más amplio sentido de la palabra; y si tenemos en cuenta que la organización no puede darse sin la existencia de los intelectuales, vale decir de los dirigentes ("especialistas" más "políticos" según la distinción gramsciana) es evidente que la presencia de un cuerpo política homogéneo y consciente como es el partido del proletariado no surge por el capricho de tal a cual personalidad en cualquier momento de la historia sino como expresión de una necesidad histórica. Surge y puede desarrollarse sólo "cuando las condiciones para su "triunfo", para su indefectible transformarse en Estado están al menos en vías de formación y dejan prever normalmente su desarrollo ulterior" [13]

11 GRAMSCI, Notas sobre Maquiavelo, p. 27.

Todo el volumen del Maquiavelo está dedicado fundamentalmente al estudio de este "intelectual colectivo" que es el partido del proletariado, analizado en el cuadro de la realidad italiana. No le interesa construir un esquema abstracto de cómo debe ser y cómo debe funcionar un partido obrero en cualquier país y en cualquier circunstancia histórica. Si el presente debe ser una critica permanente del pasado además de su superación, si debemos estar cada vez más adheridos a un presente que nosotros mismos hemos contribuido a crear teniendo conciencia del pasado para mostrar las diferenciaciones y las precisiones y para justificarlas críticamente, la historia del partido del proletariado tiene para Gramsci una vital importancia, puesto que ayuda a esclarecer el proceso de distanciamiento de una determinada masa de hambres de la ideología predominante, las raíces de sus características, las influencias de las grupos afines, amigos a enemigos, la acción sobre ellos de las superestructuras, los elementos estructurales, que determinan el surgimiento de dicho grupo social. La historia del partido es en suma la historia general del país escrita desde un punto de vista monográfico. Es lo que hace Gramsci en este libro que presenta para nosotros, argentinos, tantos puntos de vista válidos, para nuestras reflexiones políticas en la medida en que trascienden la concreta experiencia de lucha para convertirse en principios válidos también para nuestro actuar. Los problemas del partido comunista italiano, de su formación y de su estructura, son analizados exhaustiva y profundamente.

Con una agudeza notable polemiza con las ideologías vinculadas al revisionismo, en especial contra la concepción crociana de la política-pasión y contra la concepción soreliana del mito que en el plano político se traducen eu una tentativa de negar la importancia del partido obrero y en exaltar la espontaneidad. Particularmente notable es la nota sobre algunos aspectos teóricos y prácticos del "economismo" y muy oportuna para la polémica con algunos "izquierdistas" criollos que pretenden enchalecar al proletariado impidiéndole servirse de aquellos sectores vacilantes que mantienen punto, de fricciones con el imperialismo. Especialmente el fragmento dedicado a quienes mantienen una rígida, aversión de principio a los "compromisos". Gramsci demuestra sagazmente que esta concepción está ligada al economismo y dice: "La concepción sobre la cual se funda esta aversión no puede ser otra que la certeza inquebrantable de que en el desarrollo histórico existan leyes objetivas del mismo carácter de las leyes naturales, a lo cual se agrega la creencia en un finalismo fatalista similar al religioso. Si las condiciones favorables deben verificarse fatalmente derivándose de ellas, en forma bastante misteriosa, acontecimientos palingenésicos, es evidente no sólo la inutilidad sino el daño de toda iniciativa voluntaria tendiente a predisponer estas situaciones según un plan. Junto a estas convicciones fatalistas, está sin embargo la tendencia a confiar "siempre" ciegamente y sin criterio en la virtud reguladora de las armas...". Más claro es absolutamente imposible.

Muchos y diversos son los problemas analizados en este libro. Todos ellos tratados con la profundidad y capacidad que caracterizan la totalidad de los escritos gramscianos. Sería por ello una tarea que escaparía al marco de esta nota analizarlos con la seriedad que se requiere, que sólo puede ser producto de una mayor frecuentación de sus meditaciones. Sólo hemos querido ayudar al público lector --y él dirá si lo hemos logrado o no-- a ubicar este volumen en el conjunto de los escritos incluidos en los Cuadernos de la Cárcel y tomándolo también como el resultado teórico más completo y profundo de toda la vida y de todo el pensamiento del que fuera el más genial e insigne dirigente de la clase obrera italiana. Hemos tratado de demostrar que por encima de la aparente fragmentariedad de estas notas, existe una profunda unidad de contenido que deriva del hecho de ser la expresión de una conciencia que ha logrado asimilar la esencia de la inmortal doctrina de Marx y de Lenin y aplicarla sin esquematismo ni estrecheces a la viva y cambiante realidad italiana. Las obras de Antonio Gramsci a pesar de derivar de una realidad concreta que no es la nuestra --o precisamente en virtud de esta circunstancia-- tienen un gran valor que debe ser aprovechado por todos aquellos que en nuestra patria luchan por el advenimiento de una sociedad más racional y justa. Son en última instancia un magnífico ejemplo de las alturas interpretativas que puede lograr el marxismo-leninismo cuando está en manos de un pensador genial que lo utiliza como un instrumento y como una guía y no como un dogma al cual se deba adaptar la realidad. Ojalá que su ejemplo de lucha, perseverancia, tenacidad y pasión revolucionaria se convierta en incentivo para las jóvenes generaciones argentinas que comienzan a ver en el marxismo el instrumento ideológico de su liberación.

En este volumen el traductor ha optado por incluir algunas notas con el ánimo de aclarar algunas circunstancias, acontecimientos o personajes, para facilitar así la plena comprensión del texto. Nos hemos servido para ello de las últimas ediciones italianas de las obras de Gramsci, encaradas por Editori Riuniti y anotadas mediante el concurso del Instituto Gramsci.

José M. Aricó.

Córdoba, 1962

www.gramsci.org.ar