EL INSTRUMENTO DE TRABAJO

[14-II-1920; L.0.N.; 79-84]

La revolución comunista realiza la autonomía del productor en el campo económico y en el campo político. La acción política de la clase obrera (dirigida a instaurar la dictadura, a crear el Estado obrero) no cobra valor histórico real más que cuando es función del desarrollo de condiciones económicas nuevas, ricas en posibilidades y ansiosas de expansión y de consolidación definitiva. Para que la acción política tenga un buen resultado ha de coincidir con una acción económica. La revolución comunista es el reconocimiento histórico de hechos económicos preexistentes que ella misma revela, que ella defiende enérgicamente frente a todo intento reaccionario y que ella convierte en derecho, dándole, esto es, una forma orgánica y una disposición sistemática. Por eso, la construcción de los Sóviets políticos comunistas tiene por fuerza que suceder históricamente a un florecimiento y una primera organización de los Consejos de fábrica. El Consejo de fábrica y el sistema de los Consejos de fábrica ensayan y revelan en primera instancia las nuevas posiciones que ocupa la clase obrera en el campo de la producción; dan a la clase obrera conciencia de su valor actual, de su real función, de su responsabilidad, de su porvenir. La clase obrera saca las consecuencias de la suma de experiencias positivas personalmente realizadas por los diversos individuos, adquiere la sicología y el carácter de clase dominante y se organiza como tal, o sea, crea el Sóviet político, instaura su dictadura.

Los reformistas y los oportunistas expresan a este propósito un juicio muy nebuloso cuando afirman que la revolución depende del grado de desarrollo del instrumento de trabajo. Esa expresión --instrumento de trabajo-- es para los reformistas como el duende preso en la lámpara. Son muy aficionados a la frase "nulismo maximalista", se llenan con ella la boca y el cerebro, pero se guardan muy bien de determinarla concretamente, de dar cualquier muestra de sus conocimientos al respecto. ¿Qué quieren decir con la expresión "instrumento de trabajo"? ¿Piensan sólo en el objeto material, en la máquina concreta, en la concreta herramienta? ¿Sólo en eso o también en las relaciones de organización jerárquica del equipo de obreros que, en una sección, trabaja en torno a una máquina o a un grupo de máquinas? ¿O piensan en la sección entera, con su dispositivo de máquinas más amplio, con su especificación, distinción y organización más amplias? ¿O en la fábrica entera? ¿O en el sistema de fábricas que dependen de una misma firma? ¿O en el sistema de relaciones entre las diversas firmas industriales, o entre una industria y las demás, o entre, la industria y la agricultura? ¿O piensan en la posición del Estado en el mundo, con las relaciones entre importación y exportación? ¿O piensan, por último, en todo el complejo de esas múltiples relaciones íntimamente interdependientes que constituyen las condiciones del trabajo y de la producción?

Los reformistas y los oportunistas se abstienen cautamente de toda determinación concreta. Ellos, que se pretenden depositarios de la sabiduría política y de la lámpara del duende, no han estudiado nunca los problemas reales de la clase obrera y de la transformación socialista, han perdido todo contacto físico y espiritual con las masas proletarias y con la realidad histórica, son retóricos locuaces y vacíos, incapaces de cualquier clase de acción y de dar cualquier juicio concreto. Como han perdido todo contacto con la realidad proletaria, se comprende perfectamente que hayan terminado por convencerse, sinceramente y de buena fe, de que la misión de la clase obrera queda cumplida en el momento en que el sufragio universal permita la formación de un gobierno con Turati [17] en la cartera adecuada para dictar una ley que dé a las prostitutas acceso a las urnas o con Enrico Ferri [18] reformando el régimen disciplinario de los manicomios y de los presidios.

17 Filippo Turati, 1857-1932 (París, en el exilio). Fundador de la revista La Critica Sociale, que sería órgano del pensamiento de la II Internacional en Italia. Fundador del P.S.I. (Génova, 1892). Cabeza del ala más derechista del P.S.I., vencedora en el Congreso de Imola (1902). Tras la fundación del P.C.d'l. (1921), las divisiones en el seno del P.S.I. terminaron con la escisión de la derecha turatiana, ya bajo el fascismo.

18 Enrico Ferri, 1856-1929. Penalista de escuela positivista, con más atención que Lombroso a los factores sociales. Socialista, director del órgano del P.S.I., A., de 1900 a 1905.

¿Se ha desarrollado el "instrumento de trabajo" en estos últimos veinte años, en estos últimos diez años, desde el estallido de la guerra hasta el armisticio, desde el armisticio hasta hoy? Los intelectuales reformistas y oportunistas que reivindican la propiedad privada y monopolizada de la interpretación del marxismo han considerado siempre más higiénico jugar a las cartas o intrigar en el Parlamento que estudiar sistemática y profundamente la realidad italiana: así ha ocurrido que el "nulismo" maximalista no dispone ni de un libro acerca del desarrollo de la economía italiana, así ocurre que la clase obrera italiana no puede informarse del desarrollo de las condiciones de la revolución proletaria en Italia, así ha ocurrido que la clase obrera italiana está desarmada ante la irrupción salvaje y descompuesta del susodicho "nulismo" sin seso y sin criterio.

Y, sin embargo, la clase obrera, pese a no contar con la aportación de los intelectuales pequeño-burgueses que han traicionado su misión de educadores y maestros, consigue comprender y valorar el proceso de desarrollo que ha experimentado el instrumento de trabajo, el aparato de producción y de cambio. Las asambleas, las discusiones para la preparación de los Consejos de fábrica, han dado a la educación de la clase obrera más que diez años de lectura de los opúsculos y los artículos escritos por los propietarios de la lámpara del duende. La clase obrera se ha comunicado las experiencias reales de sus diversos componentes y ha hecho de ellas un patrimonio colectivo: la clase obrera se ha educado comunísticamente, con sus propios medios y con sus propios sistemas.

Para constituir el Consejo, cada obrero ha tenido que tomar conciencia de su posición en el campo económico. Se ha sentido primariamente inserto en una unidad elemental, el equipo de sección, y ha sentido que las innovaciones técnicas introducidas en el equipo mecánico han alterado sus relaciones con el técnico: el obrero necesita hoy menos que antes del técnico, del maestro de oficio, y ha adquirido, por tanto, superior autonomía, y puede disciplinarse a sí mismo.

También ha cambiado la figura del técnico: sus relaciones con el industrial se han transformado completamente: ya no es una persona de confianza, un agente de los intereses capitalistas: puesto que el obrero puede prescindir del técnico para una infinidad de actos del trabajo, el técnico como agente disciplinario se hace molesto: el técnico se reduce también él a la condición de productor, relacionado con el capitalista por los nudos y crudos lazos de explotado o explotador. Su sicología se desprende de las incrustaciones pequeño-burguesas y se hace proletaria, se hace revolucionaria. Las innovaciones industriales y la mayor capacidad profesional adquirida permiten al obrero una autonomía mayor, le sitúan en una posición industrial superior. Pero la alteración de las relaciones jerárquicas y de la situación de indispensabilidad no se limita al equipo obrero, a la unidad elemental que da vida a la sección, al taller y a la fábrica.

Cada equipo de trabajadores expresa en la persona del comisario la conciencia unitaria que ha conseguido de su grado de autonomía y autodisciplina en el trabajo, y cobra figura concreta en la sección y en la fábrica. Cada Consejo de fábrica (asamblea de los comisarios) expresa en las personas de los componentes del comité ejecutivo la conciencia unitaria que han conseguido los obreros de toda la fábrica de su posición en el campo industrial. El comité ejecutivo puede comprobar que la figura del director de fábrica ha experimentado el mismo cambio que todo obrero percibe en la del técnico.

La fábrica no es independiente: no existe en la fábrica el empresario-propietario con la capacidad mercantil (estimulada por el interés vinculado a la propiedad privada) de comprar bien las materias primas y vender mejor el objeto fabricado. Estas funciones se han desplazado de la fábrica misma individual al sistema de fábricas poseídas por una misma firma. Aún más: esas funciones se concentran en un banco o un sistema de bancos que han asumido la función real del suministro de materias primas y el acaparamiento de los mercados de venta.

Pero, ¿no ha ocurrido que durante la guerra, por las necesidades de la guerra, el Estado se ha convertido en suministrador de materias primas para la industria, en distribuidor de las mismas según un plano prefijado, en comprador único de la producción? ¿Dónde ha ido, pues, a esconderse la figura económica del empresario-propietario, del capitán de industria, que es indispensable para la producción, que hace florecer la fábrica con su previsión, con sus iniciativas, con el estímulo del interés individual? Se ha desvanecido, se ha fundido en el proceso de desarrollo del instrumento de trabajo, en el proceso de desarrollo del sistema de relaciones técnicas y económicas que constituyen las condiciones de la producción y del trabajo.

El capitán de industria se ha convertido en barón de industria, y su nido está en los bancos, en los salones, en los pasillos ministeriales y parlamentarios, en las bolsas. El propietario del capital se ha convertido en una rama seca en el campo de la producción. Como ya no es indispensable, como sus funciones históricas se han atrofiado, se convierte en un mero agente de policía, y pone directamente sus "derechos" en las manos del Estado para que éste los defienda sin piedad.

El Estado se convierte así en propietario único del instrumento de trabajo, asume todas las funciones tradicionales del empresario, se transforma en una máquina impersonal que compra y distribuye las materias primas, que impone un plano de producción, que compra los productos y los distribuye: el Estado burgués de los burócratas incompetentes e irrevocables: el Estado de los politicastros, de los aventureros, de los sinvergüenzas. Consecuencias: aumento de la fuerza armada policíaca, aumento caótico de la burocracia incompetente, intento de absorber a todos los descontentos de la pequeña burguesía ávida de ocio, y creación, con esa finalidad, de organismos parasitarios hasta el infinito.

Aumenta morbosamente el número de los que no producen, superando todos los límites admisibles por la potencialidad del aparato de producción. Se trabaja y no se produce, se trabaja afanosamente y la producción disminuye sin parar, porque se ha abierto un abismo enorme, unas fauces gigantescas que engullen y aniquilan el trabajo, la productividad. Las horas no pagadas del trabajo obrero no sirven ya para incrementar la riqueza de los capitalistas: sirven para alimentar la avidez de la ilimitada muchedumbre de los agentes, los funcionarios, los ociosos, y para alimentar a los que trabajan directamente para esa turba de inútiles parásitos. Y nadie es responsable, y nadie puede ser castigado: siempre y en todas partes está el Estado burgués, con su fuerza armada, el Estado burgués se ha convertido en gerente de un instrumento de trabajo que se descompone, que se rompe, que se hipoteca y se venderá subastado en el mercado internacional de los trastos viejos desgastados e inútiles...

Así se ha desarrollado el instrumento de trabajo, el sistema de las relaciones económicas y sociales. La clase obrera ha conseguido un altísimo grado de autonomía en el campo de la producción porque el desarrollo de la técnica industrial y comercial ha suprimido todas las funciones útiles características de la propiedad privada, de la persona del capitalista.

La persona del propietario privado, automáticamente expulsada del campo inmediato de la producción, se ha refugiado en el poder del Estado, monopolizador de la destilación del beneficio. La fuerza armada mantiene a la clase obrera en una esclavitud política y económica ya antihistórica, fuente de descomposición y de ruina. La clase obrera cierra filas en torno a las máquinas, crea sus instituciones representativas como función del trabajo, como función de la autonomía conquistada, de la conseguida conciencia de autogobierno. El Consejo de fábrica es la base de sus experiencias positivas, de la toma de posesión del instrumento de trabajo, es la base sólida del proceso que ha de culminar en la dictadura, en la conquista del poder del Estado que se orientará a la destrucción del caos, de la gangrena que amenaza con sofocar la sociedad de los hombres, que ya corrompe y disuelve la sociedad de los hombres.

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