CARTA A JULIA SCHUCHT
[Roma, 25-XI-1935; L.C. 845]
Carissima,
he recibido tus dos cartas. Estoy más tranquilo desde que he vuelto a empezar a escribirte, aunque el escribir me cansa mucho y me deja durante horas (durante días) en condiciones de excitabilidad poco agradables. Tania me ha contado algo de lo que le has escrito y de las demás noticias que ha recibido. Me ha contado, muy divertida, que Delio quería embadurnar de vaselina un elefante, cuya rugosa piel había notado, probablemente, al tacto: a mí no me parece nada raro que un chico quiera untar de vaselina a un elefante, aunque no creo que de niño yo pudiera tener ideas así. Me ha contado también que Julik quiere saber todo lo que se refiere a mí: supongo que eso se debe a que ha visto un retrato mío en un parque de cultura [168]. Carissima, cuando pienso en todas esas cosas, y en que vuestra vida, desde hace tantos años (casi la cuarta parte de mi existencia, y más de un cuarto de la tuya), se desarrolla tan desprendida de la mía, no me siento muy alegre. Y, sin embargo, hay que resistir, aguantar, intentar ganar fuerzas. Por lo demás, lo que me ha ocurrido no. era completamente imprevisible: tú, que recuerdas tantas cosas del pasado, ¿te acuerdas de cuando te decía que "me iba a la guerra"? Tal vez no fuera muy serio por mi parte, pero era la verdad y, en realidad, así lo sentía yo. Y te quería, te quería mucho. Sé fuerte y haz todo lo que puedas por estar mejor. Te abrazo tiernamente con nuestros chicos,
Antonio.
168 En Moscú, durante una campaña en favor de las víctimas del fascismo.