Ciencia moral y materialismo histórico. La base científica de una moral del materialismo histórico debe buscarse, me parece, en la afirmación de que "la sociedad no se propone objetivos para cuya solución no existan ya las condiciones". Existiendo las condiciones, "la solución de los objetivos deviene 'deber', la 'voluntad' deviene libre". La moral devendría una investigación de las condiciones necesarias para la libertad de la voluntad en cierto sentido, hacia cierto fin, y la demostración de que estas condiciones existen. Debería tratarse, también, no de una jerarquía de los fines, sino de una gradación de los fines por alcanzar, dado que se desea "moralizar", no sólo a cada individuo por separado, sino también a toda una sociedad de individuos.

Regularidad y necesidad. ¿Cómo ha surgido en el fundador de la filosofía de la praxis el concepto de regularidad y de necesidad en el desarrollo histórico? No parece que pueda pensarse en una derivación de las ciencias naturales, sino más bien en una elaboración de conceptos nacidos en el terreno de la economía política, especialmente en la forma y con la metodología que la ciencia económica recibió de David Ricardo. Concepto y hecho de "mercado determinado", es decir, la comprensión científica de que determinadas fuerzas decisivas y permanentes han aparecido históricamente, fuerzas cuya acción se presenta con cierto "automatismo" que consiente cierto grado de "previsibilidad" y de certeza para el futuro de las iniciativas individuales que consienten a tales fuerzas, luego de haberlas intuido y comprendido científicamente. "Mercado determinado" equivale, por lo tanto, a decir "determinadas relaciones de fuerzas sociales en una determinada estructura del aparato de producción", relaciones garantizadas (es decir, hechas permanentes) por una determinada superestructura política, moral, jurídica. Luego de haber comprendido estas fuerzas decisivas y permanentes y su espontáneo automatismo (es decir, su relativa independencia de los arbitrios individuales y de la intervención de los arbitrios gubernativos), el hombre de ciencia, como hipótesis, ha tornado absoluto el automatismo mismo, aislado los hechos meramente económicos de las combinaciones más o menos importantes en las que en realidad se presentan, establecido las relaciones de causa v efecto, de premisa a consecuencia, y así ha dado un esquema abstracto de una determinada sociedad económica (a esta construcción científica, realista y concreta, se ha ido sobreponiendo en seguida una nueva abstracción más generalizada del "hombre" como tal, "ahistórico", genérico, abstracción que ha aparecido como la verdadera ciencia económica).

Dadas estas condiciones en que nació la economía clásica, para que se pueda hablar de una nueva "ciencia" o de una nueva concepción de la ciencia económica (lo que es lo mismo) es preciso haber demostrado que han ido surgiendo nuevas relaciones de fuerzas, nuevas condiciones, nuevas premisas, es decir, que se ha "determinado" un nuevo mercado con su propio y nuevo "automatismo'' y fenomenismo que se presenta como algo "objetivo", comparable al automatismo de los hechos naturales. La economía clásica ha dado lugar a una "crítica de la economía política", pero no parece que hasta ahora sea posible una nueva ciencia o una nueva ubicación del problema científico.

La "crítica" de la economía política parte del concepto de la historicidad del "mercado determinado" y de su "automatismo", mientras que los economistas puros conciben estos elementos como "eternos", "naturales". La crítica analiza en forma realista las relaciones de fuerza que determinan el mercado, profundiza sus contradicciones, valora las variabilidades vinculadas con la aparición de nuevos elementos y su reforzamiento, y presenta la "caducidad" y la condición de "sustituible" de la ciencia criticada. La estudia como vida, pero también como muerte; halla en su intimidad los elementos que la disolverán y la superarán indefectiblemente, y presenta al "heredero', que será presuntivo hasta tanto no dé pruebas manifiestas de vitalidad, etcétera.

El hecho de que en la vida económica moderna el elemento "arbitrario" sea individual, de consorcios o del Estado, haya adquirido una importancia que antes no tenía y haya turbado profundamente el automatismo tradicional, no justifica de por sí el planteo de nuevos problemas científicos, precisamente porque estas intervenciones son "arbitrarias", de diversa medida, imprevisibles. Puede justificar la afirmación de que la vida económica se ha modificado, que hay "crisis", pero ello es obvio. Por otra parte, no está dicho que el viejo automatismo haya desaparecido, porque el mismo sólo se verifica en escalas mayores que antes para los grandes fenómenos económicos, en tanto que los hechos particulares han "enloquecido'.

De estas consideraciones surge que es necesario tomar las medidas para establecer qué significa "regularidad", "ley", "automatismo", en los hechos históricos. No se trata de descubrir una ley metafísica de "determinismo" y tampoco de establecer una ley "general" de causalidad. Se trata de comprender cómo en el desenvolvimiento histórico se constituyen fuerzas relativamente "permanentes", que obran con cierta regularidad y automatismo. Tampoco la ley de los grandes números, aun cuando es muy útil como término de comparación, puede ser concebida como la "Ley" de los hechos históricos. Para establecer el origen histórico de este elemento de la filosofía de la praxis (elemento que es, ni más ni menos, su particular modo de concebir la "inmanencia"), es necesario estudiar el planteo que hizo David Ricardo respecto de las leyes económicas. Se trata de ver que Ricardo no sólo ha tenido importancia en la fundación de la filosofía de la praxis por el concepto de "valor" en economía, sino que ha tenido también importancia "filosófica", por lo tanto ha sugerido un modo de pensar y de intuir la vida y la historia. El método del "dado que" de la premisa, a la cual sigue cierta consecuencia, parece que debe ser identificado como uno de los puntos de partida (de los estímulos intelectuales) de las experiencias filosóficas de los fundadores de la filosofía de la praxis. Habría que ver si David Ricardo ha sido estudiado alguna vez desde este punto de vista.*

* Igualmente, habría que ver el concepto filosófico de "causalidad" y de "ley", el concepto de una "racionalidad" o de "providencia", por los cuales se termina en el teleologismo trascendental, ya que no trascendente, y el concepto de "causalidad", que en el materialismo metafísico il mondo a caso pone [el mundo al azar pone].

Se ve que el concepto de "necesidad" histórica está estrechamente vinculado al de "regularidad" y de "racionalidad". La "necesidad" en el sentido "especulativo abstracto" y en el sentido "histórico concreto": existe necesidad cuando existe una premisa eficiente y activa, la conciencia de la cual se ha tornado activa en los hombres planteando fines concretos a la conciencia colectiva, y constituyendo un conjunto de convicciones y creencias que obra potentemente como las "creencias populares". En la premisa deben estar contenidas, ya desarrolladas o en vías de desarrollo, las condiciones materiales necesarias y suficientes para la realización del impulso de voluntad colectiva; pero es claro que de esta premisa "material", calculable cuantitativamente, no puede separarse cierto nivel de cultura, es decir, un conjunto de actos intelectuales, y de éstos (como producto y consecuencia de los mismos), un conjunto de pasiones y sentimientos imperiosos que tienen la fuerza de inducir a la acción "a toda costa".

Como se ha dicho, sólo por este camino se puede arribar a una concepción historicista (y no especulativa-abstracta) de la "racionalidad" en la historia (y, por lo tanto, de la "irracionalidad").

Conceptos de "Providencia" y de "fortuna" en el sentido en que son empleados especulativamente por los filósofos idealistas italianos, y especialmente por Croce: habrá que ver el libro de Croce sobre G. B. Vico, en el cual el concepto de "Providencia" es traducido en términos especulativos y en el que se da comienzo a la interpretación idealista de la filosofía de Vico. Sobre el significado de "fortuna" en Maquiavelo debe verse a Luigi Russo.*

* Nota de la p. 23 en la edición de El Príncipe (Florencia, F. Le Monnier). (N. de la R.).

Según Russo, para Maquiavelo "fortuna" tiene un significado doble, objetivo y subjetivo. La "fortuna" es la fuerza natural de las cosas (es decir, el nexo causal), la concurrencia propicia de los acontecimientos; lo que será la Providencia para Vico; o bien es la potencia trascendente mitologizada por la vieja doctrina medieval --es decir, Dios--; para Maquiavelo ello no es más que la virtud misma del individuo, cuya potencia tiene origen en la voluntad del hombre. La virtud de Maquiavelo, como dice Russo, no es ya la virtud de los escolásticos, que tiene carácter ético y toma su fuerza del cielo, y menos la de Tito Livio, que a lo sumo significa fuerza militar, sino la virtud del hombre del Renacimiento, que es capacidad, habilidad, industria, potencia individual, sensibilidad, percepción de las ocasiones y medida de las propias posibilidades.

Russo se extravía enseguida en su análisis. Para él, el concepto de fortuna, como fuerza de las cosas, que en Maquiavelo, como en los humanistas, conservan todavía un CARACTER NATARALISTICO Y MECANICO, hallará su VERIFICACION y profundización histórica sólo en la providencia racional de Vico y Hegel. Pero debe advertirse que tales conceptos, en Maquiavelo, no tienen jamás un carácter metafísico, como en los filósofos del Humanismo propiamente dichos, sino que son simples y profundas intuiciones (¡filosofía, por consiguiente!) de la vida, y como símbolos de sentimientos son entendidos y explicados.*

* Sobre la lenta formación de estos conceptos en el período premaquiavélico, Russo se remite a Gentile, Giordano Bruno y el pensamiento del Renacimiento (cap. "El concepto del hombre en el Renacimiento" y el "Apéndice"), Florencia, Vallecchi. Sobre los mismos conceptos de Maquiavelo, cfr. F. Ercole, La política de Maquiavelo.

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