Identidad de historia y de filosofía. La identidad de historia y de filosofía es inmanente al materialismo histórico (pero, en cierto sentido, como previsión histórica de una fase futura). ¿Ha partido Croce de la filosofía de la praxis de Antonio Labriola? De todas maneras, esta identidad se ha tornado en la concepción de Croce en cosa muy distinta de la que es inmanente al materialismo histórico; ejemplo: los últimos escritos de historia ético-política del propio Croce. La proposición de que el proletariado alemán es el heredero de la filosofía clásica alemana contiene justamente la identidad de historia y filosofía; lo mismo que la proposición de que los filósofos hasta ahora han explicado el mundo y que ahora se trata de transformarlo.

La proposición de Croce sobre la identidad de historia y filosofía es la más rica de consecuencias críticas: 1) está mutilada si no lleva a la identidad de historia y de política (y deberá entenderse por política la que se realiza y no sólo las diversas y repetidas tentativas de realización, algunas de las cuales, tomadas en sí, fracasan); 2) y también a la identidad de política y filosofía. Pero si es necesario admitir esta identidad, ¿cómo es posible distinguir las ideologías (iguales, según Croce, a instrumentos de acción política) de la filosofía? Es decir, que la distinción será posible pero sólo por grados (cuantitativamente) y no cualitativamente. Las ideologías, por lo tanto, serán la "verdadera" filosofía porque son las "vulgarizaciones" que llevan a las masas a la acción concreta, a la transformación de la realidad. Serán, por consiguiente, el aspecto de masa de toda concepción del mundo, que en el "filósofo" adquiere carácter de universalidad abstracta, fuera del tiempo y del espacio; caracteres peculiares de origen literario y antihistórico.

La crítica del concepto de historia en Croce es esencial; ¿no tiene ella, acaso, un origen puramente libresco y erudito? Sólo la identificación de historia y política quitan a la historia ese carácter. Si el político es historiador (no sólo en el sentido de que hace historia, sino en el sentido de que, obrando en el presente, interpreta el pasado), es, también un político y en este sentido (lo que, por otra parte, aparece en Croce también) la historia es siempre historia contemporánea, es decir, política; pero Croce no puede llegar a esta conclusión necesaria, precisamente porque lleva a la identificación de historia y de política y, por consiguiente, de ideología y filosofía.

El idealismo actual hace coincidir verbalmente ideología y filosofía (lo que, en último análisis, no es otra cosa que uno de los aspectos de la unidad superficial postulada por éste entre lo real y lo ideal, entre teoría y práctica, etc. ), lo que representa una degradación de la filosofía tradicional en relación con la altura a la cual la había llevado Croce con la llamada "dialéctica de los distintos". Tal degradación es muy visible en los desarrollos (o involuciones) que el idealismo actual muestra en los discípulos de Gentile; los Nuovi studi de Hugo Spirito y A. Volpicelli son el documento más notable de este fenómeno. La unidad de ideología y filosofía, cuando es afirmada de esta manera, crea una nueva forma de sociologismo; no es historia, ni filosofía, sino un sistema de esquemas verbales abstractos sostenidos por una fraseología aburrida y de repetición mecánica.

La resistencia de Croce a esta tendencia es verdaderamente "heroica"; Croce tiene viva conciencia de que todos los movimientos del pensamiento moderno conducen a una revaloración triunfal de la filosofía de la praxis, es decir, al sacudimiento de la posición tradicional de los problemas filosóficos y a la disolución de la filosofía entendida al modo tradicional. Croce resiste con todas sus fuerzas la presión de la realidad histórica, con una inteligencia excepcional de los peligros y de los medios idóneos para obviarlos. Por ello cl estudio de sus escritos desde 1919 hasta hoy tiene un significado muy grande. La preocupación de Croce nace con la guerra mundial, a la que él mismo llamó la "guerra del materialismo histórico". Su posición au dessus, en cierto sentido, es ya índice de ésta preocupación y una posición de alarma (durante la guerra, filosofía e ideología entraron en frenético matrimonio). Incluso la actitud de Croce hacia libros como los de De Man, Zibordi, etc., no puede explicarse de otra manera, porque se halla en estridente contradicción con sus posiciones ideológicas y prácticas de antes de la guerra. Este alejamiento de Croce de la posición "crítica" hacia una posición tendencialmente práctica y de preparación para la acción política efectiva (en los límites consentidos por las circunstancias y posición social de Croce) es muy significativo. ¿Qué importancia pudo haber tenido su libro Historia de Italia? Algo puede deducirse del libro de Bonomi sobre Bissolati, del de Zibordi citado más arriba, del prefacio de Schiavi al libro de De Man. De Man sirve también de puente de acceso.*

* Recuérdese, sin embargo, la carta de Horacio Raimondo reproducida por G. Castellano en su Introducción al estudio de las obras de B. C. La carta muestra el influjo que Croce ha tenido en ciertos ambientes, penetrando por canales incontrolados. Y se trata de Raimondo, masón, realmente impregnado de la ideología masónica hasta la médula y "francesamente" democrático, como se ve en muchas de sus oraciones, pero especialmente en la defensa de la Tiepolo (o de la dama que asesinó al intendente Polidori), donde aparece el teísmo masónico en toda su estatura y evidencia.

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