Nota sobre la cultura inglesa. Guido Ferrando, en un artículo de Marzocco (17 de abril de 1932, titulado "Libri nuovi e nuove tendenze nella cultura inglese"), analiza los cambios orgánicos que se están cumpliendo en la cultura moderna inglesa, y que tienen sus manifestaciones más notables en el campo editorial y en la organización total de los institutos universitarios del Reino Unido. "... En Inglaterra se va acentuando progresivamente cierta orientación hacia una forma de cultura técnica y científica en detrimento de la cultura humanista."

"En Inglaterra hasta todo el siglo pasado, casi se podría decir hasta la guerra mundial, el fin educativo más alto que se proponían las mejores escuelas era el de formar al gentleman. La palabra gentleman, como es sabido, no corresponde a "gentiluomo" en italiano, y en nuestra lengua (el italiano) no puede traducirse con precisión; indica a una persona que debe tener no sólo buenas maneras, sino que además posea sentido del equilibrio, seguro dominio de sí mismo y una disciplina moral que le permita subordinar voluntariamente su propio interés egoísta a los intereses más amplios de la sociedad en que vive. El gentleman es, entonces, la persona culta, en el significado más noble del término, si entendemos por cultura no simplemente la riqueza de conocimientos intelectuales sino la capacidad de cumplir el propio deber y de comprender a los propios semejantes, respetando cada principio, cada opinión, cada fe sinceramente profesada".

Resulta claro que la educación inglesa trataba no tanto de cultivar la mente y enriquecerla con vastos conocimientos, sino que se esforzaba por desarrollar el carácter, para formar una clase aristocrática cuya superioridad moral era instintivamente reconocida y aceptada por las clases más humildes. La educación superior o universitaria, también porque era costosísima, estaba reservada a pocos, a los hijos de familias grandes por su nobleza o por su patrimonio, sin estar por eso vedada a los más pobres, ya que podían en mérito al ingenio ganar una beca de estudios. Los otros, la mayor parte de la gente, tenían que contentarse con una educación sin duda buena, pero predominantemente técnica y profesional, que los capacitaba para los oficios no directivos para los que serían más tarde reclamados en las industrias, en el comercio y en la administración pública. Hasta hace algunos decenios sólo existían en Inglaterra tres grandes universidades completas, Oxford, Cambridge y Londres, y una menor en Durham. Para entrar en Oxford y en Cambridge es necesario haber cursado las llamadas public schools (escuelas públicas) que son todo menos públicas. La más célebre de estas escuelas es la de Eton, fundada en 1440 por Enrique VI para acoger a "setenta escolares pobres e indigentes", y que ha llegado a ser hoy la más aristocrática escuela de Inglaterra, con más de diez mil alumnos; aún existen los setenta puestos internos que dan derecho a la instrucción y a la manutención gratuita que son otorgadas por concurso a los muchachos más estudiosos; los otros son externos y pagan sumas enormes.

"Los setenta colegiales... son los que luego en la universidad se especializarán y pasarán a ser los futuros profesores y científicos; los otros mil, en general estudian menos, reciben sobre todo una educación moral y se convierten luego, mediante el crisma [bautismo] universitario, en clase dirigente, destinada a ocupar los más altos puestos en el ejército, en la marina, en la vida política y en la administración pública". "Esta concepción de la educación que ha prevalecido hasta ahora en Inglaterra, tiene una base humanista". En la mayor parte de las public schools y en las universidades de Oxford y Cambridge que han mantenido la tradición del medioevo y del Renacimiento, "el conocimiento de los grandes autores griegos y latinos fue considerado no sólo útil sino también indispensable para la formación del gentleman, del hombre político; sirve para darles sentido de equilibrio, de armonía y de gusto refinado, que son elementos integrantes de la verdadera cultura". La educación científica está ganando posiciones. "La cultura se va democratizando y nivelando fatalmente."

En los últimos treinta o cuarenta años han surgido nuevas universidades en los grandes centros industriales: Manchester, Liverpool, Birmingham, Sheffield, Leeds, Bristol. Gales deseó tener su universidad y la fundó en Bangor, con ramificaciones en Cardiff, Swansea y Aberystwyth. Después de la guerra y en estos últimos años, las universidades se han multiplicado en Hull, en Newcastle, en Southampton, en Exeter, en Reading, y se anuncian otras dos, en Nottingham y en Leicester. En todos estos centros existe la tendencia a dar a la cultura un carácter preferentemente técnico para satisfacer la demanda de la mayoría de los estudiantes. Las materias que más interesan, además de las ciencias aplicadas, física, química, etc., son las profesionales, medicina, ingeniería, economía política, sociología, etc. "También Oxford y Cambridge han debido hacer concesiones y desarrollar cada vez más la parte científica; además se han instituido los Extension Courses (cursos de extensión)."

El movimiento hacia la nueva cultura es general: surgen escuelas e instituciones privadas, nocturnas, para adultos, con una enseñanza híbrida pero esencialmente técnica y práctica. Surge al mismo tiempo toda una literatura científica popular. La admiración por la ciencia es tal que también los jóvenes de las clases cultas y aristocráticas consideran los estudios clásicos como una forma inútil de perder el tiempo. El fenómeno es mundial. Pero Inglaterra, que se había resistido más tiempo que otros países, se orienta actualmente hacia una forma de cultura preferentemente técnica. "El tipo del gentleman no tiene razón de ser; representaba el ideal de la educación inglesa cuando Gran Bretaña, dominadora de los mares y dueña de los grandes mercados del mundo, podía permitirse el lujo de una política de espléndido aislamiento y de una cultura que tenía en sí misma, indudablemente, una nota aristocrática. Hoy las cosas han cambiado."

Al perder la supremacía naval y comercial, Inglaterra se ve amenazada por EE.UU. también en su propia cultura. El libro norteamericano fue comercializado con la cultura y se convirtió en un competidor cada vez mayor del libro inglés. Los editores británicos, especialmente los que tienen sucursales en EE.UU. han tenido que adoptar los métodos de propaganda y de difusión norteamericanos. "En Inglaterra el libro, que es más leído y está más difundido que entre nosotros, tiene una eficacia educativa y formativa notable y refleja más fielmente que entre nosotros la vida intelectual de la nación". En esta vida intelectual está cumpliéndose un cambio.

Entre los volúmenes publicados en el primer trimestre de 1932 (que han aumentado numéricamente en comparación con el primer trimestre de 1931) la novela mantiene el primer puesto; el segundo lugar ya no lo ocupan los libros para niños, sino los libros pedagógicos y educativos en general y se puede comprobar un sensible aumento de las obras históricas, biográficas y de los volúmenes de carácter técnico y científico, sobre todo de tipo popular.

Los libros presentados en la Feria Internacional del Libro de Florencia nos permiten comprobar que los libros recientes de carácter cultural son más técnicos que educativos, y muestran la tendencia a discutir cuestiones científicas y aspectos de la vida social o a transmitir conocimientos más que a formar el carácter.

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