Revistas tipo. En términos generales se pueden establecer tres tipos fundamentales de revistas, según el modo en que son producidas, según el tipo de lectores al que se dirijan y según los fines educativos que quieran alcanzar. El primer tipo puede ser una combinación de elementos directivos, como aparecen especialmente en Critica de Croce *, en Politica de F. Coppola y en la Nuova Rivista Storica de C. Bargallo. El segundo tipo "crítico-histórico-bibliográfico", de acuerdo con la combinación de los elementos que caracterizan los números mejor logrados de Leonardo de L. Russo, Unità de Rerum Scriptor y la "Voce" de Prezzolini [Giussepe, 1882-1982, periodista, ensayista y crítico]. El tercer tipo sería el resultado de la combinación de algunos elementos del segundo tipo y del tipo de semanario inglés como el Manchester Guardian Weekly, o el Times Weekly.** Cada uno de estos tipos debería caracterizarse por una orientación intelectual unitaria y no antológica, es decir que tendría que tener una redacción homogénea y disciplinada; por lo tanto, pocos colaboradores "principales" para escribir el cuerpo esencial de cada número. La orientación de la redacción debe tener una vigorosa organización para poder producir un trabajo intelectualmente homogéneo aun dentro de la variedad de estilos y de personalidades literarias; la redacción debería estar sometida a un estatuto escrito que evite las corridas, los conflictos, las contradicciones (por ejemplo, el contenido de cada número debería ser aprobado por la mayoría de la redacción antes de ser publicado).

* Benedetto, 1866-1952, filósofo, historiador y político, antifascista declarado (como senador), de posición ateísta y anticlerical, a pesar de su formación teológica católica, más hegeliano que marxista, presidente del partido Liberal en el 47.

** Para una exposición general de los tipos principales de revistas se debe recordar la actividad periodística de Carlo Cattaneo. Se debe estudiar con mucha atención el Archivio Trienal y el Politecnico (junto con el Politecnico la revista Scientia fundada por Rignano).

Un organismo unitario de cultura que ofrezca a los diversos niveles del público los tres tipos mencionados de revistas (además, estos tres tipos deben participar en un espíritu común), con el apoyo de colecciones paralelas de libros, daría satisfacción a las exigencias de un sector más activo intelectualmente, pero sólo en estado potencial; al que conviene elaborar, hacer pensar concretamente, transformar y homogeneizar de acuerdo con un proceso de desarrollo orgánico que conduzca del simple sentido común al pensamiento coherente y sistemático.

Tipo crítico-histórico-bibliográfico: examen analítico de obras desde el punto de vista de los lectores de la revista que, generalmente, no pueden leer las obras propiamente dichas. Para lograr un ensayo sintético, un estudioso que examine un fenómeno histórico determinado debe realizar toda una serie de investigaciones y de operaciones intelectuales preliminares que resultan utilizables sólo en pequeña parte. Este trabajo puede ser utilizable, en cambio, para este tipo medio de revista, dedicado a un lector que tiene necesidad, para desarrollarse intelectualmente, no solo del ensayo sintético sino de toda la compleja actividad analítica que ha conducido a ese resultado. El lector común no tiene ni puede tener un hábito "científico", que se adquiere con el trabajo especializado; por eso se lo debe ayudar para que pueda alcanzar por lo menos su "sentido" por medio de una actividad crítica oportuna. No basta darle conceptos ya elaborados y fijados en su expresión "definitiva", la calidad de concreto de los mismos, que reside en el proceso que llevó a esa afirmación, se le escapa al lector: es mejor ofrecerle toda una serie de razonamientos y de nexos intermedios bien individualizados y no simplemente indicados. Por ejemplo: un movimiento histórico complejo se descompone en el tiempo y en el espacio y, además, puede descomponerse en diversos planos; la Acción Católica, aun habiendo tenido siempre una dirección única y centralizada, muestra grandes diferencias (e incluso contrastes) de actitudes regionales en diversas épocas y con respecto a ciertos problemas especiales (por ejemplo, la cuestión agraria, la dirección sindical etc.).

En las revistas de este tipo son indispensables o útiles algunas secciones:

1) Un diccionario enciclopédico político-científico-filosófico, en este sentido debe publicarse en cada número una o más pequeñas monografías de carácter enciclopédico sobre conceptos políticos, filosóficos, científicos, que aparecen con mucha frecuencia en diarios y revistas y que el lector medio difícilmente comprende y en muchos casos confunde. En realidad, cada corriente cultural crea su lenguaje, es decir, participa en el desarrollo general de una determinada lengua nacional, introduce nuevos términos, enriquece con nuevo contenido los términos ya en uso, crea metáforas, se sirve de nombres históricos para facilitar el juicio y la comprensión de las situaciones actuales, etc., etc. El enfoque debería ser "práctico", adaptarse a exigencias realmente sentidas y, en la forma de exposición, adecuarse a la media de los lectores. Los compiladores deberían estar informados de los errores más frecuentes y obligados a buscar las mismas fuentes de error, es decir, las publicaciones de pacotilla científica, tipo Biblioteca Popolare Sonzogno o diccionarios enciclopédicos (Melzi, Premoli, Bonacci, etc.). Es conveniente que estos temas no aparezcan en forma orgánica (por ejemplo, en orden alfabético o por materia) y tampoco según una preestablecida economía de espacio, como si ya se tuviese en vista una obra completa, sino más bien referidos de modo inmediato a los argumentos desarrollados por la misma revista u otras de tipo superior o más elemental. La amplitud del tratamiento a seguir en cada edición no debe ser establecida por la importancia intrínseca del tema sino por los intereses inmediatos periodísticos (todo lo que se diga llevará su justo grano de sal). En otras palabras, la sección no debe presentarse en forma de libro publicado por entregas sino como el tratamiento de temas interesantes por sí mismos, de los que puede surgir un libro aunque no necesariamente.

2) Ligada a la sección anterior está la de las biografías, que debe entenderse en dos sentidos: en cuanto toda la vida de un hombre puede interesar a la cultura general de un determinado estrato social o en cuanto un nombre histórico puede entrar en un diccionario enciclopédico a causa de un hecho significativo o de un determinado concepto. Así, por ejemplo, se puede hablar de lord Carson [1854-1935, sur-irlandés dependentista, primer lord del Almirantazgo 1916-17] para destacar que la crisis del régimen parlamentario existía ya antes de la guerra mundial, justamente en Inglaterra, país en el que ese régimen parecía más eficiente y sustancial; pero eso no significa que se deba hacer toda la biografía de lord Carson. A una persona de cultura media le interesan solamente dos datos biográficos: a) lord Carson, en 1914, en vísperas de la guerra alistó en el Ulster un grupo armado poderosísimo para oponerse con la instrucción a la aplicación de la ley del Home Rule [Liga para la autonomía] irlandés, aprobada por el Parlamento, que según el decir inglés "podía hacer todo menos que un hombre se vuelva mujer"; b) lord Carson no sólo no fue castigado por "alta traición" sino que fue nombrado ministro poco después, cuando estalló la guerra (puede ser útil que las biografías completas se presenten en secciones separadas).

3) Otra sección puede ser la de las autobiografías político-intelectuales. Si se realizan bien, con sinceridad y simplicidad, pueden ser del mayor interés periodístico y de gran eficacia formativa. Cómo alguien ha conseguido liberarse de cierto ambiente provincial y corporativo, por medio de qué fuerzas externas y de luchas interiores, para lograr una personalidad históricamente superior, puede sugerir en forma activa una orientación intelectual y moral además de ser un documento del desarrollo cultural de una época.

4) Una sección fundamental puede estar constituida por el examen crítico-histórico-bibliográfico de las situaciones regionales, (entendiendo por región un organismo geoeconómico diferenciado). Muchos querrían conocer y estudiar las situaciones locales, que siempre son muy interesantes, pero no saben cómo hacerlo ni por dónde empezar, porque: no conocen el material bibliográfico, no saben hacer investigaciones en las bibliotecas, etc. Sería pues necesario señalar la trama general de un problema concreto (o de un tema científico), indicando los libros que lo han tratado, los artículos de las revistas especializadas y, además, los materiales sin trabajar (estadísticas, etc.), en forma de reseñas bibliográficas, con especial difusión de las publicaciones poco comunes o en lengua extranjera. Este trabajo, aparte de las regiones, también puede hacerse, desde otros puntos de vista, para problemas generales, cuestiones culturales, etc.

5) Una selección sistemática de diarios y revistas para la parte que interesa a las secciones fundamentales: simple cita de los autores de los títulos, con breves indicaciones sobre las tendencias. Esta sección bibliográfica tendría que ser compilada para cada número, y para ciertos temas también tendría que ser retrospectiva.

6) Comentarios de libros. Dos tipos de comentarios. El de tipo crítico-informativo: se supone que el lector medio no puede leer un libro dado, por lo que es útil hacerle conocer su contenido y conclusiones. El de tipo teórico-científico: se supone que el lector debe leer el libro y por eso no se lo resume simplemente sino que se desarrollan críticamente las objeciones que se pueden suscitar, se pone el acento sobre las partes más interesantes, se desarrolla alguna parte incompleta, etc. Este segundo tipo de comentario es más apropiado para revistas especializadas.

7) Una selección crítico-bibliográfica, ordenada por temas o grupos de cuestiones, de la literatura referente a los autores y a las cuestiones fundamentales para la concepción del mundo que es el fundamento de las revistas publicadas, tanto para los autores italianos como para las traducciones al italiano de los autores extranjeros. Esta selección debe ser muy minuciosa y circunstanciada, ya que hay que tener presente que sólo por medio de este trabajo y esta elaboración crítico-sistemática se pueden alcanzar las fuentes auténticas de toda una serie de conceptos errados que circulan sin control y sin censura. En cada región de Italia, dada la riquísima variedad de tradiciones locales, existen grupos grandes y pequeños caracterizados por rasgos ideológicos y psicológicos particulares: "cada lugar tiene o ha tenido su santo local, su culto y su capilla".

La formación nacional unitaria de una conciencia colectiva homogénea demanda condiciones e iniciativas múltiples. La difusión desde un centro homogéneo de un modo de pensar y de obrar homogéneo es la condición principal, pero no debe y no puede ser la única. Un error muy difundido consiste en pensar que cada estrato social forma su propia conciencia y su cultura del mismo modo, con los mismos métodos, es decir, con los métodos de los intelectuales de profesión. El intelectual es un "profesional" (skilled) que conoce el funcionamiento de las propias "máquinas" especializadas; tiene su "aprendizaje" y su "sistema Taylor" [Frederick W. Taylor, 1856-1915, ing. estadounidense, metodizó producción acero]. Es pueril e ilusorio atribuir a todos los hombres esta capacidad adquirida y no innata, así como sería pueril creer que todo obrero puede ser maquinista ferroviario. Es también pueril pensar que un "concepto claro", oportunamente difundido, se inserta en las diversas conciencias con los mismos efectos "organizativos" de claridad con que fue propagado: este es un error "iluminista" [inspiración divina]. La capacidad del intelectual de profesión de combinar hábilmente la inducción y la deducción, de generalizar sin caer en el vacío formalismo, de llevar de una esfera a otra del juicio ciertos criterios de discriminación, adaptándolos a las nuevas condiciones, etc., es una "especialidad", una "cualidad", no un dato del vulgar sentido común. Por eso no basta la premisa de la "difusión orgánica desde un centro homogéneo de un modo de pensar y obrar homogéneo". El mismo rayo luminoso al pasar por prismas diversos da refracciones diversas de luz: si se quiere la misma refracción es necesario hacer toda una serie de rectificaciones de cada uno de los prismas.

La "repetición" paciente y sistemática es un principio metódico fundamental: pero la repetición no mecánica, "obsesionante", material, la adaptación de cada concepto a las diversas peculiaridades y tradiciones culturales, la presentación del mismo en todos sus aspectos positivos y en sus negaciones tradicionales, organizándose siempre cada aspecto parcial dentro de la totalidad. Encontrar la identidad real bajo las aparentes diferencias y contracciones, y encontrar la sustancial diversidad bajo la aparente identidad, es la más delicada, poco comprendida y, sin embargo, esencial condición del crítico de las ideas y del historiador del desarrollo histórico. El trabajo educativo-formativo que desarrolla un centro homogéneo de cultura, la elaboración de una conciencia crítica que este centro promueve sobre la base de una determinada etapa histórica que contenga las premisas concretas para tal elaboración, no puede limitarse a la simple enunciación teórica de principios "claros" de método; esta sería pura actividad de "filósofos" del 1700. El trabajo necesario es complejo y debe ser articulado y graduado combinando la deducción y la inducción, la lógica formal y la dialéctica, la identidad y la diferencia, la demostración positiva y la destrucción de lo viejo. Pero no en abstracto, sino en concreto, sobre la base de lo real y de la experiencia efectiva.

Pero, ¿cómo saber cuáles son los errores más difundidos y arraigados? Evidentemente, es imposible una "estadística" de los modos de pensar y de las particulares opiniones individuales, con todas las combinaciones que resultan de grupos y grupos menores, que dé un cuadro orgánico y sistemático de la situación cultural efectiva y los modos en los cuales se presenta realmente el "sentido común"; no queda más que la revisión sistemática de la literatura más difundida y que más acepta el pueblo, combinada con el estudio y la crítica de las corrientes ideológicas del pasado, cada una de las cuales "puede" haber dejado un sedimento y haberse combinado en forma variada con las precedentes y con las subsiguientes.

En este mismo orden de observaciones se inscribe un criterio más general: los cambios en el modo de pensar, en las creencias, en las opiniones, no sobrevienen por rápidas "explosiones" simultáneas y generalizadas, sino que casi siempre sobrevienen por "combinaciones sucesivas" según "fórmulas" disímiles e incontrolables "de autoridad". La ilusión "explosiva" nace por falta de espíritu critico. De la misma manera que no se ha pasado de los métodos de tracción de la diligencia, a motor animal, a los modernos expresos eléctricos, sino que se han sucedido toda una serie de combinaciones intermedias, que en parte aún subsisten (como la tracción animal sobre rieles, etc., etc.) o como en el caso del material ferroviario envejecido de los EE.UU. que es utilizado todavía durante muchos años en China y que allí representa un progreso técnico. Así, en la esfera de la cultura los diversos estratos ideológicos se combinan variadamente y lo que es "hierro viejo" en la ciudad todavía puede ser "utensilio" en las provincias. En la esfera de la cultura, las "explosiones" son menos frecuentes y menos intensas que en la esfera de la técnica; en la que una innovación se difunde, por lo menos en el plano más elevado, con relativa rapidez y simultaneidad. Se confunde la "explosión" de pasiones políticas acumuladas en un período de transformaciones técnicas, a las que no corresponden formas nuevas de una adecuada organización jurídica, sino inmediatamente cierto grado de coerciones directas e indirectas, con las transformaciones culturales, que son lentas y graduales, porque si bien la pasión es impulsiva, la cultura es el producto de una elaboración compleja. (La indicación del hecho de que a veces lo que ha llegado a ser "hierro viejo" en la ciudad es todavía "utensilio" en provincia, puede ser ventajosamente desarrollada.)

Nota. El tipo de revista "político-crítica" exige inmediatamente un cuerpo de redactores especializados, en condiciones de proveer con cierta periodicidad un material científicamente elaborado y seleccionado: la existencia de este cuerpo de redactores, que alcanzaron cierto grado de homogeneidad cultural, no es nada fácil, y representa un punto de llegada en el desarrollo de un movimiento cultural. Este tipo de revista puede ser sustituido (o anticipado) con la publicación de un Anuario. Este Anuario no deberá tener nada de parecido con un común Almanaque popular (cuya compilación está ligada cualitativamente al diario, es decir, que debe ser preparada teniendo en cuenta al lector medio del diario); nunca debe ser una antología ocasional de escritos demasiado largos para ser incluidos en otro tipo de revistas; debería ser preparado orgánicamente, según un plan general, de manera que sea como el prospecto de un determinado programa de revista. Podría estar dedicado a un solo tema o bien estar dividido en secciones y tratar una serie orgánica de cuestiones fundamentales (la constitución del Estado, la política internacional, la cuestión agraria, etc.). Cada Anuario debe ser completo (no debería haber escritos que continuaran) y, además, debe estar provisto de bibliografía, de índices analíticos, etc. Hay que estudiar los diversos tipos de Almanaques populares, que cuando están bien hechos constituyen pequeñas enciclopedias de la actualidad.

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