23 (VI) 3. Arte y lucha por una nueva civilización.
La relación artística muestra, especialmente en la
filosofía de la praxis, la fatua ingenuidad de los papagayos que creen
poseer, en unas pocas fórmulas estereotipadas, la llave para abrir todas las
puertas (llaves conocidas con el nombre de "ganzúas").
Dos escritores pueden representar (expresar) el mismo
momento histórico-social, siendo uno artista y el otro un simple pintor de
brocha gorda. Agotar la cuestión limitándose a describir lo que representan o
expresan socialmente ambos escritores, es decir, resumiendo mas o menos bien las
características de un determinado momento histórico-social, significa no rozar
siquiera el problema artístico. Todo esto puede ser útil y necesario, y lo es
efectivamente, pero en otro campo: en el de la crítica política, de la crítica
de las costumbres, en la lucha por destruir y superar ciertas corrientes de
sentimientos y creencias, ciertas actitudes hacia la vida y el mundo. No es crítica
e historia del arte y no puede ser presentada como tal, so pena de
confusionismo, retroceso o estancamiento de los conceptos científicos, es
decir, no lograr la obtención de los fines inherentes a la lucha cultural.
Un
determinado momento histórico-social no es nunca homogéneo, por el contrario
es muy rico en contradicciones. Adquiere "personalidad", es un
"momento" del desarrollo por el hecho de que una determinada actividad
fundamental predomina sobre las otras, representa una "punta" histórica.
Pero esto presupone una jerarquía, un contraste, una lucha. Debería
representar el momento quien expresa esta actividad predominante, esta
"punta" histórica; pero ¿cómo juzgar a los que representan las
demás actividades, a los otros elementos? ¿Acaso no son, también ellos,
"representativos"? ¿Y no es también representativo del
"momento" quien expresa los elementos "reaccionarios" y
anacrónicos? ¿O bien habrá que considerar representativos a los que
expresen todas las fuerzas y los elementos en contraste y en lucha, es decir, a
los que representen las contradicciones del complejo histórico-social?
Puede pensarse también que una crítica de la
civilización literaria, una lucha para crear una nueva cultura artística en
el sentido que de la nueva cultura nacerá un nuevo arte, esto parece un
sofisma. Sin embargo, sólo partiendo de esos presupuestos se puede entender
mejor la relación De Sanctis-Croce y las polémicas sobre forma y contenido. De
Sanctis maneja una crítica militante, no "fríamente" estética. Es
la crítica de un período de luchas culturales, de contradicciones entre
concepciones antagónicas de la vida. El análisis del contenido, la crítica de
la "estructura" de las obras, es decir, de la coherencia lógica e
histórico-actual del complejo, de sentimientos representados artísticamente,
están ligados a esa lucha cultural, y creo que en esto consiste la profunda
humanidad y el humanismo de De Sanctis, que tan simpático lo vuelve aún hoy.
Agrada sentir en él un fervor apasionado de hombre de partido, con sólidos
convencimientos morales y políticos, que no oculta ni trata de ninguna manera
de ocultar. Croce logra distinguir estos diversos aspectos del crítico, que en
De Sanctis estaban orgánicamente unidos y fusionados. En Croce viven los
mismos motivos culturales que en De Sanctis, pero sólo en el período de su
evolución y triunfo. Continúa la lucha, pero ya por un refinamiento de la
cultura (de cierta cultura) y no por su derecho a vivir. La pasión y el fervor
romántico se han identificado en la serenidad superior y la indulgencia plena
de bonhomía. Pero en Croce esta posición no es permanente. Aparece una etapa
en la que la serenidad y la indulgencia se resquebrajan y afloran la cólera y
la acritud a duras penas reprimidas: etapa defensiva, no agresiva y
ferviente, y por
lo tanto no comparable con la de De Sanctis.
En suma, el tipo de crítica literaria propia de la filosofía de la praxis
está dada por De Sanctis y no por Croce ni por ningún otro (mucho menos por
Carducci). Ella debe fusionar con apasionado fervor, aunque sea bajo la forma
del sarcasmo, la lucha por una nueva cultura, es decir, por un nuevo humanismo,
la crítica de las costumbres,
sentimientos y concepciones del mundo, con la crítica estética o puramente artística.
Recientemente,
a la etapa De Sanctis ha correspondido, en un plano subalterno, la etapa de la
"Voce".* De Sanctis luchó por la creación ex novo en Italia
de una alta cultura nacional, en oposición a las antiguallas tradicionales,
la retórica y el jesuitismo (Guerrazzi y el padre Bresciani). La "Voce"
sólo luchó por la divulgación, en un estrato intermedio, de esa misma
cultura, contra el provincialismo, etc., fue un aspecto del crocismo militante,
porque quiso democratizar aquello que era necesariamente "aristocrático"
en De Sanctis y que había continuado siendo "aristocrático" en Croce.
De Sanctis debía formar un estado mayor cultural; la "Voce" deseaba
extender a los oficiales subalternos el mismo tono de civilización y por ello
cumplió una función, trabajó en lo sustancial y suscitó corrientes artísticas,
en el sentido que ayudó a muchos a encontrarse a sí mismo, suscitó una
necesidad mayor de interioridad y de expresión sincera de ella, aún cuando no
haya habido en el movimiento ningún artista.
* "Voce": Revista de crítica literaria y
de cultura política, dirigida por Giuseppe Prezzolini y Giovanni Papini que se
publicó de 1908 a 1916. Esta revista que tuvo mucha influencia en la península
encabezaba un movimiento por la renovación moral e intelectual de la vida
italiana. (N. del T.)
Rafael
Ramat escribe en "Italia Letteraria" del 4 de febrero de 1934:
"Se ha dicho que para la historia de la cultura es más útil a veces el
estudio de un escritor menor que el de uno grande; y en parte, esto es verdad.
Porque si en éste [el grande] gana completamente el
individuo que concluye por no ser de tiempo alguno, y podría darse el caso,
como se ha dado, de atribuir al siglo cualidades propias del hombre; en aquél,
[el menor], siendo un espíritu atento y autocrítico, es posible descubrir
los momentos de la dialéctica de la cultura particular de que se trata, con
mayor claridad, en cuanto no tienden a unificarse como en el gran
escritor."
El
problema aquí planteado encuentra una demostración por el absurdo en el artículo
de Alfredo Gargiulo Dalla cultura alta letteratura, en
"Italia Letteraria" del 6 de abril de 1930. En este artículo, y en
otros de la misma serie, Gargiulo muestra el más completo agotamiento
intelectual (uno de los tantos jóvenes sin "madurez"). Se ha
envilecido completamente con la banda de "Italia Letteraria" y en el
artículo citado presenta como suyo este juicio expresado por G. B. Angioletti
en el prefacio a la antología Scrittori nuovi,
compilada por Enrico Falqui y Ello Vittorini: "Por
consiguiente, los escritores de esta antología son nuevos
no porque hayan encontrado nuevas formas o hayan cantado nuevos
motivos; por el contrario, lo son porque
tienen del arte una idea diferente de la que tenían los escritores que les
precedieron. O lo son, considerando lo esencial, porque creen en el
arte, mientras aquellos creían en muchas cosas que con el arte nada tenían que
ver. Tal novedad puede, por ello, admitir la forma tradicional y el contenido
antiguo, mas no puede tolerar desviaciones de la idea esencial del arte. No cabe
aquí, considerar cual puede ser esta idea. Pero permítaseme recordar que los
escritores nuevos, cumpliendo una revolución (!) que, por haber sido
silenciosa (!) no será menos memorable (!), entienden ser, por sobre todo,
artistas, allí donde sus predecesores se complacían en ser moralistas,
predicadores, estetizantes, psicólogos, hedonistas, etc. ".
El razonamiento no es muy claro y ordenado. Si algo de concreto se
puede extraer es la tendencia a un "secentismo"* programático, y nada
más. Esta concepción del artista es un nuevo "guardarse la lengua"
al hablar, una nueva manera de construir "paradojas". Y puros
constructores de paradojas, no de imágenes, son la mayoría de los exaltados
poetas de la "banda", con su jefe José Ungaretti (que, entre otras
cosas, escribe una lengua completamente afrancesada e impropia).
* El Siglo XVII, que en literatura se ha
caracterizado sobre todo por su mal gusto, su búsqueda de lo raro, lo fino y lo
brillante, equivale a barroquismo, estilo barroco, preciosismo. (N. del T.)