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(VIII) 64. El arte educativo. "El arte es educador en
cuanto arte, y no en cuanto "arte educador", porque en tal caso no es
nada y la nada no puede educar. Cierto es que estamos todos de acuerdo, me
parece, en desear un arte que se asemeje al del Risorgimiento y no, por ejemplo,
al del Período dannunziano. Pero en verdad, bien considerado, no es que se
desee un arte más que otro, sino una realidad moral preferentemente a otra. Del
mismo modo que quien desea que un espejo refleje una belleza y no una persona
fea, no desea un espejo distinto del que tiene delante, sino una persona
distinta."*
* B. Croce, Cultura, e vita morale, pp. 169-70, cap.. "Fede e programmi" del 1911.
"Cuando
se ha formado una obra poética o un ciclo de obras poéticas, es imposible
proseguir el ciclo con el estudio, con la imitación y con las variaciones en
torno a sus obras; esta vía conduce solamente a la llamada escuela poética, el
servum
pecus de los epígonos. La poesía no genera poesía, aquí no
hay partenogénesis; se requiere la intervención del elemento fecundante, de
aquello que es real, pasional, práctico, moral. Los más grandes críticos de
poesía invitan, en este caso, a no recurrir a las recetas literarias. Es
necesario,
dicen, "rehacer al hombre". Si se rehace al hombre y se devuelve al
espíritu su frescura, haciendo nacer una nueva vida afectiva, entonces sí
surgirá, si debe surgir, una nueva poesía."*
* B. Croce, op.
cit., pp. 241-42, cap. "Troppa
filosofia" del 1922.
Esta
observación es válida para el materialismo histórico. La literatura no genera
literatura, etc., es decir, las ideologías no crean ideologías, las
superestructuras no engendran superestructuras, sino como herencia de pasividad
e inercia. Son engendradas, no por "partenogénesis"
sino por la intervención del elemento "fecundante",
la historia, la actividad revolucionaria que crea el "hombre nuevo",
es decir, nuevas relaciones sociales.