23
(VI) 8. Búsqueda
de las
tendencias e intereses morales e intelectuales que predominan entre los
literatos. ¿Por qué formas de actividad tienen "simpatía" los
literatos italianos? ¿Por qué no les interesa la actividad económica, el
trabajo como producción individual y de grupo? Si en las obras de arte se trata
el argumento económico, lo que interesa es el momento de la "dirección",
del "dominio", del "comando", de un "héroe" sobre
los productores; o la producción genérica, el trabajo genérico en cuanto
elemento genérico de vida y de poderío nacional, y por ello motivo de vuelos
oratorios. La vida de los campesinos ocupa un espacio mayor en la literatura,
pero no como trabajo y fatiga, sino como "folklore"; como pintorescos
representantes de costumbres y sentimientos curiosos y raros. Por ello la
"campesina" ocupa mayor espacio aún, con sus problemas sexuales en
el aspecto más exterior y romántico y, además, porque la mujer con su belleza puede ascender fácilmente a los grupos
sociales superiores.
El
trabajo del empleado es fuente inagotable de comicidad. En cada empleado se ve
al Oronzo E. Marginati del viejo "Travaso".
El
trabajo del intelectual ocupa poco espacio, o es presentado en su expresión de
"heroísmo" y de "superhumanismo", con el gracioso resultado
que los escritores mediocres representan "genios" de su propia
estatura y es sabido que si un hombre inteligente puede fingirse tonto, un tonto
no puede fingirse inteligente.
Ciertamente,
no se puede imponer a una o más generaciones de escritores que tengan simpatías
por tal o cual aspecto de la vida, pero que una o más generaciones de
escritores tengan ciertos intereses intelectuales y morales y no otros, tiene,
sin embargo, un significado, ya que indica que entre los intelectuales predomina
una dirección cultural determinada. Aún el verismo italiano se distingue de
las corrientes realistas de los demás países en cuanto se limita a describir
la "bestialidad" de la llamada naturaleza humana (un verismo en
sentido grosero), o en cuanto centra su atención en la vida provincial y
regional, en aquello que era la Italia real en contradicción con la Italia
"moderna" oficial, no ofrece representaciones valiosas del trabajo y
la fatiga. Para los intelectuales de la tendencia verista, la preocupación
obsesiva no fue (como en Francia) establecer un contacto con las masas populares
ya "nacionalizadas" en sentido unitario, sino dar los elementos que
demostraban que la Italia real no estaba aún unificada. Por otro lado, existen
diferencias entre el verismo de los escritores septentrionales y el de los
meridionales (por ej. Verga, cuyo sentimiento unitario era muy fuerte, como se
evidencia en la actitud asumida por él frente al movimiento autonomista de
"Sicilia Nuova", en 1920).
Pero
no basta que los escritores no consideren digna de epos
la actividad productiva, que representa, sin embargo, toda
la vida de los elementos activos de la población. Cuando se ocupan de ella, sus
actitudes equivalen a las del padre Bresciani.
Ver
los escritos de Luigi Russo sobre Verga y sobre Giuseppe Cesare Abba. G. C. Abba
puede ser citado como ejemplo italiano de escritor "nacional-popular",
aunque no haya sido muy "popular" entre el pueblo y no haya formado
parte de ninguna corriente que criticase, por razones sectarias de partido, las
posiciones de la clase dirigente. Es necesario analizar no sólo los escritos
de Abba que tengan valor poético, sino también los demás, como aquél
dirigido a los soldados, que fuera premiado por las autoridades gubernativas y
militares y difundido durante algún tiempo en el ejército. En el mismo sentido
cabe recordar el ensayo de Papini publicado en "La cerba" luego de los
acontecimientos de junio de 1914. Hay que poner de relieve también las
posiciones de Alfredo Oriani, recordando, sin embargo, que son demasiadas
abstractas y oratorias, y desfiguradas por su titanismo de genio
incomprendido. En la obra de Pedro Jahier (recordemos sus simpatías por
Proudhon) hay algo notable de carácter popular-militar, mal aderezado, sin
embargo, con el estilo bíblico y claudeliano del escritor, que frecuentemente
lo hace inaguantable y menos eficaz, porque oculta una forma snobista de retórica.
Toda la literatura de Strapaese*
debería ser "nacional‑popular" como programa, pero lo es
solamente en el programa, lo que la ha convertido en una corriente peyorativa de
la cultura. Longanesi debe haber escrito también un librito para reclutas, lo
cual demuestra cómo las escasas tendencias nacional-populares nacen, más que
nada, de preocupaciones militares.
* Strapaese (Super-región): Movimiento literario italiano de la década
del 20 enfrentando al grupo de Stracittà (Super-ciudad). Benjamín
Cremieux en su Panorama de la litterature italianne contemporaine, París,
Kra, 1928, caracteriza de la siguiente manera a ambos movimientos:
"Tradicionalismo de base regional o modernismo de base europea... La
palabra Strapaese (tomada en su acepción más restringida de
"Extra-lugar") se ha convertido en bandera y símbolo de los
tradicionalistas. Por oposición, los partidarios del movimiento modernista (la
revista 900, Novecento, XX siglo) se han convertido en los defensores de Stracittà,
en "super-ciudadanos".
"Para quien observa las cosas
desde afuera, Strapaese y Stracittà son las manifestaciones naturales
del imperialismo fascista. Strapaese marca el orgulloso repliegue sobre sí
de un pueblo que, en lo sucesivo, quiere decidir "da sé" (por sí
mismo) . Stracittà marca un paso adelante en el camino del imperialismo,
una tentativa por hacer resonar de inmediato en el mundo la voz de la Italia
literaria, aunque sea por medio de un idioma no-nacional."
El
grupo de Stracittà reunía especialmente a los escritores Orio Vergani,
Corrado Alvaro, Massimo Bontempelli... Strapaese tenía como partidarios
a Curzio Malaparte, Ardengo Soffici, Giuseppe Ungaretti, Vincenzo Calderelli,
Giovanni Papini... (N. del T.).Las
preocupaciones nacional-populares en el planteamiento del problema crítico-estético
y moral-cultural se ponen de relieve en Luigi Russo (de quien hay que analizar
el pequeño volumen sobre los Narratori) como resultado de un
"retorno" a las expreriencias de De Sanctis luego del punto de llegada del
crocianismo.
Es
de hacer notar que el brescianismo es en el fondo un individualismo
antiestatal y antinacional, aun cuando esté velado por un nacionalismo y
estatismo frenético. "Estado" significa, en especial, la dirección
consciente de las grandes multitudes nacionales;
es necesario entonces un "contacto"
sentimental e ideológico con tales multitudes, y en cierta medida, simpatía y
comprensión de sus necesidades y exigencias. Ahora bien, la ausencia de una
literatura nacional-popular, debida a la falta de interés y preocupación por
estas necesidades y exigencias, ha dejado el mercado literario
"abierto" a la influencia de grupos intelectuales de otros países
que, siendo "populares-nacionales" en su patria, logran serlo también
en Italia, ya que las exigencias y las necesidades que tratan de satisfacer son
aquí similares. Así, el pueblo italiano se ha apasionado y continúa apasionándose,
como lo demuestran los más recientes boletines editoriales, a través de la
novela histórica-popular francesa, por las tradiciones francesas monárquicas y
revolucionarias y conoce más la figura popular de Enrique IV que la de
Garibaldi, la revolución de 1789 más que el Risorgimiento, las invectivas de
Víctor Hugo contra Napoleón III más que las lanzadas por los patriotas
italianos contra Metternich; se apasiona por un pasado no suyo, se sirve en su
lenguaje y pensamiento de metáforas y referencias culturales francesas, etc.
Culturalmente, es más francés que italiano.
Para
estudiar la dirección nacional-popular dada por De Sanctis a su actividad crítica,
ver la obra de Luigi Russo: Francesco De Sanctis e la cultura napoletana,
1860-1885, ed. La Nuova Italia, 1928, y el ensayo de De Sanctis La
scienza e la vita. Tal vez se pueda decir que De Sanctis ha sentido
fuertemente el contraste "Reforma-Renacimiento", es decir,
precisamente el contraste entre vida y ciencia que estaba en la tradición
italiana como una debilidad de la estructura nacional-estatal, y ha tratado de
reaccionar contra él. He aquí porqué, en determinado momento, se separa del
idealismo especulativo y se aproxima al positivismo y al verismo (simpatías
por Zola, del mismo modo que Russo por Verga y Di Giácomo). Como parece
observar Russo en su libro:* "Todo secreto de la eficacia de De Sanctis hay
que buscarla en su espiritualidad democrática, la que le hace sospechar de todo
movimiento o pensamiento que asuma caracteres absolutistas y privilegiados, y
en la tendencia y la necesidad de concebir el estudio como momento de una
actividad más vasta, tanto espiritual como práctica, encerrada en la fórmula
de su famoso discurso: La scienza e la vita.
*Cfr. la crítica de G. Marzot, en la "Nuova
Italia" de mayo de 1932