23 (VI) 36. Criterios de
método.
Sería absurdo pretender que cada año, o aún cada diez años,
la literatura de un país produzca un libro como Los Novios o como Los
Sepulcros, etc. He aquí por qué la actividad crítica normal
no puede dejar de tener esencialmente un carácter "cultural" y ser
una crítica de "tendencia", pues de lo contrario se convertiría en
una destrucción continua (y en este caso ¿cómo escoger la obra a destruir y
al escritor que es necesario mostrar como extraño al arte? Este problema
parece no tener importancia, sin embargo, es fundamental cuando se reflexiona
desde el punto de vista de la moderna organización de la vida cultural.) Una
actividad crítica que fuese permanentemente negativa, hecha de mutilaciones,
que demuestre que no se trata de "poesía" sino de "no poesía",*
sería tediosa y repugnante. La "elección" asemejaría una caza del
hombre, o bien podría ser considerada "casual" y por lo tanto
irrelevante.
* "Poesía" y "no-poesía": fórmula
de Croce que en una obra literaria distingue lo que pertenece al arte (poesía)
de lo que le es extraño (no-poesía). Con el mismo título Poesía e non poesía, B. Croce ha escrito un libro de crítica da la
literatura europea del siglo XIX, editado por Laterza. (N. del T.).
Parece cierto que la actividad crítica debe tener siempre un aspecto
positivo en el sentido de poner de relieve, en la obra examinada, un valor
positivo. Si este valor no puede ser artístico, puedo serlo cultural, y lo que
importará entonces, no es tanto el libro en sí mismo (salvo raras excepciones)
sino los grupos de trabajos clasificados por tendencias culturales. Sobre la
elección: fuera de la intuición del crítico y el examen sistemático de toda
la literatura, trabajo colosal y casi imposible de hacer individualmente, el
criterio más simple parece ser del "éxito de librería" expresión
que debe ser entendida en dos sentidos: "éxito de lectores" y "éxito
entre los editores", criterio este último que en algunos países donde la
vida intelectual es controlada por los órganos gubernativos, tiene su
significado pues indica qué dirección quiere imprimir el Estado a la cultura
nacional.
Partiendo de los criterios de la estética crociana
se presentan los mismos problemas. El crítico debe conocer "todo"
para estar en condiciones de encontrar la "perla" en el fango. Ya que
"fragmentos" de poesía pueden encontrarse en todos lados, en el
"Amor ilustrado" como en la obra de ciencia estrictamente
especializada. En realidad, cada crítico tomado en particular siente pertenecer
a una organización de cultura que obra como conjunto; lo que le escapa a uno es
"descubierto" y señalado por otro, etc. Del mismo modo la propagación
de los "premios literarios" no es otra cosa que una manifestación, más
o menos bien organizada, con mayores o menores elementos de fraude, de este
servicio de "señalación" colectiva de la crítica literaria
militante.
Es de observar que en ciertos períodos históricos, la actividad práctica
puede absorber las mayores inteligencias creadoras de una nación. Hasta cierto
punto, en tales períodos, todas las mejores fuerzas humanas están concentradas
en el trabajo estructural y no se puede hablar todavía de supraestructuras.
Sobre esta base en América se ha construido la teoría sociológica que quiere
justificar la ausencia de un florecimiento cultural humanista y artístico en
los Estados Unidos. En cada caso esta teoría, para tener al menos una
apariencia de justificación, debe estar en condiciones de mostrar una vasta
actividad creadora en el campo práctico. Sin embargo, queda sin respuesta una
cuestión: si esta actividad "poético-creativa" existe y es vital, si
exalta todas las fuerzas vitales, las energías, voluntades y entusiasmos del
hombre: ¿cómo no exalta la energía literaria y no crea una épica? Si esto
no ocurre, nace la duda legítima de que se trata de energías "burocráticas",
de fuerzas no expansivas universalmente, sino represivas y brutales. ¿ Se
puede imaginar que los constructores de las Pirámides, esclavos manejados con
el látigo, conciban líricamente su trabajo? Las fuerzas que dirigen esta
grandiosa actividad práctica, es necesario subrayarlo, no son represivas sólo
en sus relaciones con el trabajo instrumental, lo que podría comprenderse, son
represivas universalmente; hecho típico que conduce justamente a que, por
ejemplo, en América, se manifieste una cierta energía literaria en los
refractarios a la organización de la actividad práctica que se deseaba aceptar
como "épica" en sí misma. Sin embargo, la situación es peor allí
donde a la nulidad artística ni
siquiera corresponde una actividad práctica-estructural de cierta
grandiosidad y se justifica la nulidad artística con una actividad práctica
que se "verificará" y, a su vez, producirá una actividad artística.
En
realidad, toda fuerza innovadora es represiva con relación a sus propios
adversarios, pero expansiva en cuanto desencadena fuerzas latentes, aumentando
su poder y exaltándolas, y la expansividad es, en gran medida, su carácter
distintivo. Las restauraciones, con cualquier nombre que se presenten, y
especialmente las restauraciones que se producen en la época actual, son
universalmente represivas: es el triunfo del "padre Bresciani"* y la
literatura brescianesca. La psicología que ha precedido a tales manifestaciones
intelectuales es la creada por el pánico, por un miedo cósmico de fuerzas
demoníacas que no se comprenden y por ello no se pueden controlar de otra forma
que apelando a una compulsión represiva universal. El recuerdo de este pánico
(de su etapa aguda) perdura largo tiempo y dirige la voluntad y los
sentimientos;
la libertad y la espontaneidad creadora desparecen y queda el hastío, el espíritu
de venganza, la obcecación tonta disfrazada por la melifluidad jesuítica. Todo
se convierte en práctico (en sentido peyorativo), todo es propaganda, polémica,
negación implícita como en el Ebreo di Verona.
* El padre Bresciani, jesuita, escritor clerical de un grosero fanatismo.
Autor de una Historia popular de la
República Romana de 1849. Bresciani
ha representado a Garibaldi y a los que combatían por la Unidad italiana como
diablos y monstruos sanguinarios. Célebre por las invectivas y por las
desfiguraciones de los hechos históricos. El Ebreo di Verona es una de sus novelas
más conocidas. Ver más adelante la sección IV: Los nietos del padre Bresciani.
(N. del T.).