6 (VIII) 62. La expresión lingüística de la palabra escrita y
hablada y las otras artes. En algún lado señala De Sanctis que antes de escribir un
ensayo o hacer una lección sobre un canto del Dante, por ejemplo, leía
varias veces y en alta voz el canto, lo estudiaba de memoria, etc. Esto se
recuerda para sostener la observación de que el elemento artístico de una obra
no puede ser, exceptuadas raras ocasiones (y se verá cuáles), gustado en la
primera lectura, frecuentemente ni aún por grandes especialistas como De
Sanctis. La primera lectura abre sólo la posibilidad de introducirse en el
mundo cultural y sentimental del escritor, aunque esto no siempre es así,
especialmente en lo que respecta a los escritores no contemporáneos cuyo mundo
cultural es distinto del actual: la poesía que un caníbal escribe sobre el
placer de un banquete de carne humana puede ser concebida como bella, y
adoptarse ante la misma, para gustarla artísticamente sin prejuicios "extraestéticos",
un cierto punto de vista psicológico propio de la cultura actual.
Pero la obra de arte, además de lo determinado por
el mundo cultural y sentimental, contiene también otros elementos "historicistas"
como el lenguaje, entendiendo no sólo como expresión puramente verbal, es
decir, localizado en un cierto tiempo y lugar de la gramática, sino como un
conjunto de imágenes y modos de expresarse que no entran en la gramática.
Estos elementos aparecen más claramente en las otras artes. La lengua japonesa
se muestra distinta que la italiana; no ocurre lo mismo en el lenguaje de la
pintura, de la música y de las artes figurativas en general; sin embargo,
también existen diferencias de lenguaje y son tanto más manifiestas cuanto,
las manifestaciones artísticas de los artistas, más se separan de las
manifestaciones artísticas del folklore; artes en las que el lenguaje está
reducido al elemento más autóctono y primordial (recuérdese la anécdota de
un dibujante que hizo el perfil de un negro, y los otros negros se burlaron del
mismo por que el artista había reproducido tan solo "media cara").
No obstante, existe una gran diferencia entre la
expresión lingüística de la palabra escrita y hablada y las expresiones
lingüísticas de las otras artes. El lenguaje "literario" está
estrechamente ligado a la vida de los grupos nacionales y se desarrolla
lentamente y tan solo molecularmente; se puede decir que cada grupo social tiene
su "lengua" aunque hay que hacer notar (salvo raras excepciones) que
entre la lengua popular y la de las clases cultas existe una continua ligazón
y un continuo intercambio. Esto no ocurre con los lenguajes de las otras artes
en las que se puede señalar que, actualmente, se cumplen dos tipos de fenómenos:
1) en ellos siempre están vivos, al menos en mayor cantidad que en la lengua
literaria, elementos expresivos del pasado, podríamos decir, de todo el pasado;
2) en ellos se forma rápidamente una lengua cosmopolita que absorbe los
elementos técnico-expresivos de todas las naciones cada vez que ellas producen
grandes pintores, escultores, músicos, etc. Wagner ha dado a la música más
elementos lingüísticos que los aportados por la literatura alemana en toda su
historia, etc. Esto ocurre porque el pueblo participa escasamente de la producción
de estos lenguajes, que son propios de una élite
internacional, etc., mientras puede bastante rápidamente
(como colectividad y no en forma individual) llegar a comprenderlos. Todo esto
para indicar que en realidad el "gusto" puramente estético, si bien
puede llamarse primario como forma y actividad del espíritu, prácticamente no
lo es tal, es decir, en sentido cronológico.