ROBERTO MICHELS Y LOS PARTIDOS POLITICOS [1]

"Le parti politique --escribe Michels-- ne saurait être étymologiquement st logiquement qu'une partie de l'ensemble des citoyens, organisée sur le terrain de la politique. Le parti n'est done qu'une fraction, pars pro toto" (?) ["El partido político no podría ser, desde un punto de vista etimológico y lógico, más que una parte del conjunto de los ciudadanos. El partido es, por consiguiente, sólo una fracción, por sobre todo"]. Según Max Weber [2], tiene su origen en dos tipos de causas: sería especialmente una asociación espontánea de propaganda y agitación que tiende al poder para procurar así a sus adherentes activos (militantes) las posibilidades morales y materiales para realizar los fines objetivos o ventajas personales, o también las dos cosas juntas. La orientación general de los partidos políticos consistiría, por tanto, en el Machtstreben, personal o impersonal. En el primer caso los partidos personales se basarían en la protección acordada a los inferiores por un hombre poderoso. En la historia (?) de los partidos políticos son muy frecuentes los casos de este tipo. En la vieja dieta prusiana de 1855, que comprendía muchos grupos políticos, todos tenían el nombre de sus jefes. El único grupo que se dio un nombre verdadero fue uno nacional, el polaco [3]. La historia del movimiento obrero demuestra que los socialistas no despreciaron esta tradición burguesa. Frecuentemente, los partidos socialistas tienen los nombres de sus jefes ("comme pour fraire l'aveu public de leur assujettissement complet à ces chefs" ["como para refrescar la confesión pública de su sometimiento completo a estos jefes"]). En Alemania, entre 1863 y 1875, las fracciones socialistas rivales eran los marxistas y los lassallianos. En Francia, en una época más reciente, las grandes corrientes socialistas se dividían en brousistes, allemanistas, blanquistas, guesdistas y jauresistas. Es verdad que los hombres que daban el nombre a los diversos movimientos personificaban lo más completamente posible las ideas y las tendencias que inspiraban al partido y lo guiaron durante toda su evolución [4]. Existe quizás alguna analogía entre los partidos políticos y las sectas religiosas o las órdenes monásticas, Ives Guyot ha observado que el individuo perteneciente al partido moderno actúa como los frailes del Medioevo, que adoptaron el nombre de san Domingo, san Benedicto, san Agustín, san Francisco [5]. He aquí partidos-tipo que podrían ser llamados partís de patronage. Cuando el jefe ejerce una influencia sobre sus adherentes por cualidades tan sorprendentes que parecen sobrenaturales, puede ser llamado jefe carismático (carisma don de Dios, recompensa: cfr. M. WEBER, op. cit., p. 140) [Esta nota está numerada 4 bis, o sea, insertada en las pruebas; no por cierto para la traducción de carisma, sino quizás para la cita de Weber. Michels produjo sensación en Italia por "su" descubrimiento del "jefe carismático", que quizás estaba ya (sería necesario confrontar) en Weber (sería necesario ver también el libro de Michels sobre Sociología política de 1927): ¡ni siquiera menciona que una concepción del jefe por gracia de Dios haya existido antes!] Sin embargo, esta especie de partido se presenta a veces bajo formas más generales. El mismo Lassalle, el jefe de los lassallianos, oficialmente era sólo el presidente por vida de la Allgemeiner Deutscher Arbeiterverein. Se complacía en jactarse ante sus fautores de la idolatría de que gozaba por parte de las masas delirantes y de las vírgenes vestidas de blanco que le cantaban coros y le ofrecían flores. Esta fe carismática no era sólo fruto de una psicología exuberante y un poco megalómana, sino que correspondía también a una concepción teórica. Nosotros debemos --decía a los obreros renanos, exponiéndoles sus ideas sobre la organización del partido-- con todas nuestras voluntades dispersas forjar un martillo y ponerlo en las manos de un hombre cuya inteligencia, carácter y adhesión (dévouement) sean una garantía de que golpeará enérgicamente [6]. Era el martillo del dictador. Más tarde las masas exigieron al menos un simulacro de democracia y de poder colectivo, se formaron grupos cada vez más numerosos de jefes que no admitían la dictadura de uno sólo. Jaurès y Babel son dos tipos de jefes carismáticos. Babel, huérfano de un suboficial de Pomerania, hablaba altivamente (?) y era imperativo [7]. Jaurès, orador extraordinario, sin igual, inflamado, romántico y al mismo tiempo realista, trataba de superar las dificultades "poniendo en serie" los problemas, para abatirlos a medida que se planteaban [8]. Los dos grandes jefes, amigos y enemigos, tenían en común una fe indómita tanto en la eficacia de su acción como en los destinos de las legiones de las cuales eran abanderados. Ambos fueron deificados: Babel aún vivo, Jaurès después de muerto.

1 R. MICHELS, Les partis politiques et la contrainte sociale, "Mercure de France, 1 de mayo de 1928, pp. 513-535.

2 Wirtschaft und Gesellschaft. Gundriss der Sozialökosomik III 2da. edic., Tübingen, 1925, pp. 167, 639. (Existe versión castellana: Economía y sociedad, Fondo de Cultura Económica).

3 Cfr., FRIEDRICH NAUMANN, Die politischen Parteien, Berlín, 1910, "Die Hilfe", p. 8.

4 MAURICE CHARNAY, Les Allemanistes, París, Rivière, 1912. p. 25.

5 IVES GUYOT, La comédie socialiste, París, 1897, Charpentier, p. III.

6 Cfr., MICHELS, Les partis politiques, 1914, p. 130; no se refiere a la edición italiana ampliada del año 1924.

7 Mervé lo llamó el Kaiser Babel; cfr., MICHELS, Bedeutende Männer, Leipzig, 1927, p. 29.

8 Cfr., RAPPOPORT, Jean Jaurés, l'homme, le penzeur, le socialiste, 2da. edic. París, 1916, p. 366.

Mussolini es otro ejemplo de jefe-partido con algo de profeta y de creyente. Más él, por otro lado, no es sólo jefe único de un gran partido sino también el jefe único de un gran Estado. Con él la noción del axioma: "El partido soy yo", ha logrado, en el sentido de la responsabilidad y del trabajo asiduo, el máximo desarrollo.

Esto es históricamente inexacto. En tanto está prohibida la formación de grupos está prohibida toda discusión de asamblea, puesto que éstas han sido desastrosas. Mussolini se sirve del Estado para dominar al partido y sólo en parte se sirve del partido para dominar al Estado. Por otro lado el llamado "carisma", en el sentido utilizado por Michels, coincide siempre en el mundo moderno con una fase primitiva de los partidos de masa, aquélla en que la doctrina se presenta a las masas como algo nebuloso y no coherente que necesita de un Papa infalible para ser interpretada y adaptada a las circunstancias. Este fenómeno ocurre tanto más cuanto el partido, que nace y se forma, lo hace no sobre la base de una concepción del mundo unitaria y rica en desarrollos por ser expresión de una clase históricamente esencial y progresista, sino sobre la base de ideologías incoherentes y desordenadas, alimentadas por sentimientos y emociones que no alcanzaron todavía la disolución total porque las clases (o la clase) de las cuales son expresión, aún cuando desde un punto de vista histórico estén en trance de disolverse, tienen todavía una cierta base y apelan a las glorias del pasado para defenderse del porvenir. El ejemplo que Michels da como prueba de la resonancia en las masas de esta concepción es infantil para quien conoce la facilidad con que caen las masas italianas en la exageración sentimental y en el entusiasmo "emotivo": una voz sobre diez mil presentes ante el Palazzo Chigi habría gritado: "No: tú eres la Italia" en una ocasión de conmoción objetivamente real de la masa fascista. Mussolini habría luego manifestado la esencia carismática de su carácter en el telegrama enviado a Bolonia, en el cual decía estar seguro, absolutamente seguro (y lo estaba por cierto, pour cause) que nada gravo podía ocurrirle antes de haber concluido su misión. "Nous n'avons pas ici à indiquer les dangers que la conception carismatique peut entraîner) (?). La dirección carismática lleva consigo un dinamismo político muy vigoroso. Saint-Simon, en su lecho de muerte, dijo a sus discípulos que siempre era necesario recordar que para hacer grandes cosas es preciso ser apasionados. Sor apasionados significa tener el don de apasionar a los demás. Es un estimulante formidable. Esta es la ventaja de los partidos carismáticos sobre los otros, basados en un programa bien definido y en los intereses de clase. Es cierto, sin embargo, que la duración de los partidos carismáticos está regulada con frecuencia por la duración de su impulso y de su entusiasmo, que tiene a veces una base muy frágil. De allí que veamos en los partidos carismáticos la tendencia a apoyar sus valores psicológicos (?) sobre organizaciones más duraderas de los intereses humanos. El jefe carismático puede pertenecer a cualquier partido, ya sea autoritario como antiautoritario. [En el caso de que existan partidos antiautoritarios como partidos; sucede por el contrario que los "movimientos" antiautoritarios, anarquistas, anarco-sindicalistas se transforman en "partido" porque el agrupamiento se da en torno a personalidades organizativamente "irresponsables", en cierto sentido "carismáticas"].

La clasificación de los partidos de Michels es muy superficial y sumaria, pues se atiene a caracteres externos y genéricos: 1) partidos "carismáticos", o sea, agrupados en torno a ciertas personalidades, con programas rudimentarios. La base de estos partidos es la fe y la autoridad de uno sólo [tales partidos no existieron nunca; ciertas expresiones de intereses están representadas en cierto momento por algunas personalidades más o menos excepcionales: en ciertos momentos de "permanente anarquía" debida al equilibrio estático de las fuerzas en lucha, un hombre representa el "orden", es decir, la ruptura a través de medios excepcionales del equilibrio normal y en torno a él se reagrupan los "aterrados", las "pécoras hidrófobas" de la pequeña burguesía; pero siempre hay un programa, aunque sea general, o mejor general, justamente, porque tiende sólo a rehacer el barniz político exterior, adaptándolo a un contenido social que atraviesa más que una verdadera crisis constitucional, una crisis debida al número demasiado grande de descontentos, difíciles de dominar por su mera cantidad y por la simultánea, pero mecánicamente simultánea, manifestación del descontento sobre toda el área nacional]; 2) partidos que tienen como base los intereses de clase, económicos y sociales, partidos de obreros, campesinos o de petites gens, ya que los burgueses no pueden por sí solos formar un partido; 3) partidos políticos generados (!) por ideas políticas o morales, generales y abstractas: cuando esta concepción se basa en un dogma más desarrollado y elaborado hasta en los detalles, se podría hablar de partidos doctrinarios, cuyas doctrinas serían privilegios de los jefes: partidos libre-cambistas o proteccionistas o que proclaman los derechos de libertad o de justicia como: ¡a cada uno el producto de su trabajo!, ¡a cada uno según sus fuerzas!, ¡a cada uno según sus necesidades!".

Michels descubre, menos mal, que esta distinción no puede ser neta ni completa, ya que los partidos "concretos" representan por lo general matices intermedios o combinaciones de los tres. A estos tres tipos se les agregan otros dos: los partidos confesionales y los partidos nacionales [seria preciso agregar también los partidos republicanos en el régimen monárquico y los partidos monárquicos en el régimen republicano]. Según Michels los partidos confesionales más que una Weltanschauung profesan una Ueberweltanschauung [que por otro lado es lo mismo]. Los partidos nacionales profesan el principio general del derecho de cada pueblo y de cada fracción de pueblo a la soberanía completa, sin condiciones (teorías de P. S. Mancini). Pero luego de 1848 estos partidos desaparecieron y surgieron los partidos nacionalistas sin principios generales ya que niegan a todos los demás, [aun cuando los partidos nacionalistas no siempre niegan "teóricamente" a los otros pueblos lo que afirman para el suyo: remiten la resolución del conflicto a las armas, cuando no parten de vagas concepciones sobre misiones nacionales, tal como lo afirma el mismo Michels].

El artículo está lleno de palabras vacías e imprecisas. "La necesidad de la organización y las tendencias ineluctables (!) de la psicología humana, individual y colectiva, cancelan a la larga la mayor parte de las distinciones originarias". [Esto quiere decir: el tipo "sociológico" no corresponde al hecho concreto]. "El partido político como tal tiene su propia alma (!) independiente de los programas y de los reglamentos que se ha dado y de los principios eternos de los que está embebido". Tendencia a la oligarquía. "Dándose los jefes, los mismos obreros se crean, con sus propias manos, nuevos patrones cuya principal arma de dominio consiste en su superioridad técnica e intelectual y en la imposibilidad de un control eficaz de parte de sus mandantes". Los intelectuales tienen una función (en esta manifestación). Los partidos socialistas, gracias a los numerosos puestos retribuidos y honoríficos de los cuales disponen, ofrecen a los obreros [¡a un cierto número de obreros, naturalmente!] una posibilidad de hacer carrera, lo cual ejerce sobre ellos una considerable fuerza de atracción [esta fuerza se ejerce, pero más sobre los intelectuales]. Complejidad progresiva de la función política por la cual los jefes de los partidos se transforman cada vez más en profesionales que deben tener nociones cada vez más exactas, un tacto, una práctica burocrática y frecuentemente una astucia cada vez más vasta. Así, los dirigentes se alejan siempre más de las masas y se observa la flagrante contradicción que existe en los partidos avanzados entre las declaraciones y las intenciones democráticas y la realidad oligárquica. [Es preciso observar, sin embargo, que una cosa es la democracia en el partido y otra la democracia en el Estado: para conquistar la democracia en el Estado puede ser necesario (o mejor es casi siempre necesario) un partido fuertemente centralizado; y aún más: las cuestiones de democracia y de oligarquía tienen un significado preciso que está dado por la diferencia de clase entre jefes y gregarios. La cuestión deviene política, o sea adquiere un valor real y no sólo de esquematismo sociológico, cuando en la organización se producen escisiones de clase: esto ocurrió en los sindicatos y en los partidos socialdemócratas. Si no existen diferencias de clase la cuestión es puramente técnica (la orquesta no cree que el director sea un patrón oligárquico) de división del trabajo y de educación, es decir: que la concentración debe tener en cuenta que en los partidos populares la educación y el "aprendizaje" político se verifica en gran parte a través de la participación activa de los gregarios en la vida intelectual (discusiones) y organizativa de loe partidos. La solución del problema, que se complica justamente por el hecho de que en los partidos avanzados los intelectuales cumplen una gran función, puede encontrarse en la formación de un estrato medio colocado entre los jefes y las masas, que sea lo más numeroso posible y que sirva de equilibrio para impedir a los jefes desviarse en los momentos de crisis radical y para elevar cada vez más a las masas],

Las ideas de Michels sobre los partidos políticos son bastante confusas y esquemáticas, pero son interesantes como recolección de materiales en bruto y de observaciones empíricas y dispares. Además, no son pocos los errores de hecho (el partido bolchevique habría nacido de las ideas minoritarias de Blanqui y de las concepciones, más severas y diversificadas, del movimiento sindical francés, inspiradas por G. Sorel). La bibliografía de los escritos de Michels siempre se puede reconstruir partiendo de sus mismos escritos, ya que la cita abundantemente. La investigación puede comenzar por los libros que ya tengo. Una observación interesante sobre el modo de trabajar y de pensar de Michels: sus escritos están repletos de citas bibliográficas, en gran parte ociosas y molestas. El apoya también los más banales "truismos" [in./fr.: trivialidades], con la autoridad de los escritores más disparatados. Frecuentemente se tiene la impresión de que no es el curso del pensamiento el que determina las citas, sino el montón de citas ya listas el que determina el curso del pensamiento, dándole un carácter discontinuo e improvisado. Michels debe haber construido un inmensa fichero, pero de diletante, de autodidacta. Puede tener alguna importancia saber quién hizo por primera vez una cierta observación, tanto más si ésta observación ha servido de estímulo a una investigación o ha hecho progresar de alguna manera una ciencia, pero anotar que tal o cual dijo que dos más dos son cuatro, es por lo menos inadecuado.

Otras veces las citas están muy domesticadas: el juicio sectario o, en el mejor de los casos, epigramático, de un polemista es considerado como un hecho histórico o como documento de un hecho histórico. Cuando en la página 514 de este artículo en el "Mercure de France", Michels dice que en Francia la corriente socialista estaba dividida en broussistes, allemanistas, blanquistas, guesdistas y jauresistas para extraer la conclusión de que en los partidos modernos las cosas ocurren como en las órdenes monásticas medievales (benedictinos, franciscanos, etc.) al citar a la Comédie socialiste de Yves Guyot, de la cual debe haber tomado la idea, no dice que aquéllas no eran las denominaciones oficiales de los partidos, sino denominaciones "para comodidad", nacidas de las polémicas internas, y que casi siempre contenían en forma implícita una crítica o una acusación de desviación personalista, crítica y acusación canjeables que se osificaban luego en el uso efectivo de la denominación personalista (por la misma razón "corporativa" y "sectaria" por la cual los "Gueux" * se llamaron también así). Por esta razón todas las consideraciones epigramáticas de Michels caen en la superficialidad de un salón reaccionario.

*"Bribones", organizados por Guillermo I de Nassau, gobernador por Carlos V en Países Bajos, se opuso a los abusos de los españoles.

La pura descriptividad y la clasificación externa de la vieja sociología positivista constituyen otro carácter esencial de estos escritos de Michels, quien carece de la metodología intrínseca a los hechos, de todo punto de vista crítico que no sea un amable escepticismo de salón o de café reaccionario respecto de las pillerías igualmente superficiales del sindicalismo revolucionario y del sorelismo.

Relaciones entre Michels y Sorel: carta de Sorel a Croce en la cual menciona la superficialidad de Michels y tentativa mezquina de Michels de sacarse de encima el juicio de Sorel. En la carta a Croce del 30 de mayo de 1916 [9], Sorel escribe: "Je viens de recevoir une brochure de R. Michels, tirée de "Scientia", mai 1916: La débacle de l'Internationale è et l'avenir. Je vous prie d'y jeter les yeux; elle me semble prouver que l'auteur n'a jamuis rien compris a´ ce qui est important dans le marxisme. Il nous présente Garibaldi, L. Blanc, Benoît Malen (!) comme les vrais maîtres de la pensée socialiste... " ["Yo he recibido simplemente un folleto de R. Michels, editado por "Scientia", mayo 1916, El desastre de la International y el futuro. Yo le pido que ponga los ojos allí; él parece demostrar que el autor nunca entendió algo de lo que es importante en el marxismo. El nos presenta a Garibaldi, L. Blanc, Benoit Malen (!) como los verdaderos amos del pensamiento socialista... "]. La impresión de Sorel debe ser exacta --yo no he leído este escrito de Michels-- ya que se evidencia muy claramente en el libro de Michels sobre Il movimento socialista Italiano (Ediciones de la "Voce").

9 "Crítica", 20 de setiembre da 1829, p. 357.

En los "Nuovi Studi di Diritto, Economia e Politica" de setiembre-octubre de 1929, Michels publica cinco cartas que le enviara Sorel (la primera en 1905, la segunda en 1912, las últimas tres en 1917), de carácter no confidencial sino, especialmente, de correcta y fría conveniencia y en una nota (p. 291) escribe a propósito del juicio arriba citado: Sorel, evidentemente, no había comprendido (!) el sentido más directo del artículo incriminado, en el cual yo había acusado (!) al marxismo que dejaba escapar (!) el lado ético del socialismo mazziniano y otras cosas, y, además, que exagerando el lado meramente económico, había conducido el socialismo a la ruina. Por otro lado, como resulta de las cartas ya publicadas [¿qué cartas? ¿las publicadas por Michels? ¿estas cinco mencionadas? no dicen nada] el disparo [en bastardilla en Michels, pero se trata de algo más que de un disparo; para Sorel se trata, me parece de la confirmación de un juicio ya adelantado desde hace mucho tiempo] de Sorel en nada perjudica las buenas relaciones (!) con el autor de estas líneas. "Me parece que en estas notas de los "Nuovi Studi", Michels tiende a lograr algunos fines discretamente interesados y ambiguos; tiende a lanzar un cierto descrédito sobre Sorel como hombre y como "amigo" de Italia y a hacerse aparecer a sí mismo como un patriota italiano de vieja data. Retorna este motivo tan equívoco de Michels (creo haber observado en otra parte su situación al desencadenarse la guerra). Es interesante la carta de Sorel a Michels del 10 de julio de 1912: "Je lis lo numéro, de la Vallée d'Aoste que vous avez bien voulu m'envoyer. J'y ai remarqué que voux affirmez un droit au séparatisme qui est bien de nature à rendre suspect aux Italiens le maintien de la langue française dans la Vallée d'Aoste" [Yo leí el número, de la Vallée d' Aoste, que usted quiso enviarme. Yo noté allí que usted afirma un derecho al separatismo y que es muy natural tener sospechas sobre el mantenimiento del idioma francés por los italianos en el Valle de Aoste]. Michels anota que se trata de un número único. La Vallée d'Aoste pour sa langue française, publicado en mayo de 1912 en Aosta por la tipografía Margherittaz bajo los auspicios de un Comité local valdostano para la protección de la lengua francesa (colaboradores, Michels, Croce, Prezzolini, Graf, etc.). Es inútil decir que ninguno de estos autores había hecho suya, como con excesiva licencia, poética se expresa Sorel, cualquier tesis "separatista". Sorel menciona solamente a Michels por lo que estoy convencido que él debe haber por lo menos mencionado el derecho al separatismo (sería necesario controlar esto en el caso de una presentación de Michels que algún día será necesaria).

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